El Tribunal Supremo ha dictado una resolución que corrobora lo evidente. Que es el Parlamento el que tiene la competencia para ejercer el control del Gobierno y que esta labor no puede ser sustituida por los tribunales de justicia. Parece obvio, por aquello de la división de poderes y además por mandato expreso de la Constitución. Parece obvio, pero no lo entiende así el Partido Partido.
La resolución del Tribunal Supremo avala la legalidad de las reuniones políticas entre el PSE y Batasuna. Éste, Batasuna, puede ser un partido político ilegal pero sus integrantes no son ilegales ni tienen restringidos sus derechos civiles sin sentencia judicial. Parece razonable que, si ningún tribunal recorta los derechos a los miembros de Batasuna, éstos puedan reunirse con quienes estimen. Esto, que parece obvio de toda obviedad, ha tenido que ser el Tribunal Supremo quien lo afirme en resolución, ante las pretensiones de la ultraderecha y del PP.
El Tribunal Supremo ha dado carta de normalidad a los contactos con Batasuna. Si lo que se quiere es acabar con el terrorismo, ¿hablamos entre nosotros?, ¿nos convencemos de lo que estamos convencidos?, ¿nos reunimos para confirmarnos que tenemos razón, que la violencia no es el camino? Si el problema es ETA, lo normal es hablar con ETA y con su organización política. Parece lógico, ¿verdad?
Bien, pues todas estas obviedades, a quienes hablaron en su día con los terroristas, ahora no les parecen adecuadas. Aunque el TS afirme que no se produce ilegalidad alguna en esos contactos; aunque el tribunal califique de “fraude constitucional” el pretender, mediante el ejercicio de la acción penal, corregir la dirección de la política de un Gobierno democráticamente legitimado. Aunque todo esto sea así de contundente y esclarecedor, ellos, que han recurrido a la justicia, ahora dicen que eso no es lo importante, ¿para qué recurrieron entonces? Como el TS rechaza sus argumentos, miran para otro lado y su líder habla ahora de moral, ¿la misma que en el 98, señor Rajoy?
Si usted quiere hablar de moral, sepa que el moral es un árbol. Debiera tener cuidado D. Mariano con la fruta del moral que deja huella, sus manchas son complicadas de limpiar, y sus hojas las devoran los gusanos. De seda, por supuesto.













La moral para Rajoy es un “argumento” eterno que parece decir muchas cosas y no dice nada. A ella se agarra cada vez que no tiene nada más interesante que aportar. Y, además, como no significa demasiado, defiende en su nombre cualquier postura. Cuando dijo el 13-M, “Tengo la convicción moral [¿qué será eso?] de que ha sido ETA”, no lo afirmó a lo loco, sabía perfectamente que de esa manera no se pillaba los dedos. Porque, oiga, “convicciones morales” puede tener uno las que le pete, mientras no se demuestre lo contrario.
[...] Los tribunales no pueden sustituir al Congreso y al Senado. El PP no puede, llevado por la pataleta del niño que no se sale con la suya, llevar el debate a las instituciones que más le convengan por correlación de fuerzas o ideología de sus miembros (o, directamente, a las calles utilizando a las vícimas para espúreos intereses partidistas). Pretender emponzoñar las instituciones del Estado de Derecho con disputas propias del debate político que les corresponden, evidencia el poco respeto que tiene el Partido Popular por las instituciones democráticas y por el Estado de Derecho. No son dignos de dar lecciones de talante democrático a nadie. Y menos aún de moral (excusas de mal perdedor). [...]