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30 años de la Constitución

5 diciembre 2008

Cuando la muerte del golpista, se optó por el parto de los tiempos nuevos con el menor desgarro posible. Para unos había que hacer una reforma, para otros, una ruptura total con el franquismo; entre unos y otros, los nostálgicos del régimen y, la aparición demasiado pronto, de los desencantados de todo y siempre. Fueron tiempos difíciles. De aquel parto, nació la Constitución hace nada más y nada menos que treinta años. Fueron años difíciles, pero que fueran tiempos convulsos no justifica el inmobilismo actual.

A la ilusión mayoritaria y entusiasta de pasar página de cuarenta años de tiranía sucedió lo que vino a llamarse el desencanto y, algo más tare, a la glorificación de la transición; ahora estamos en un tiempo en el que se cuestiona y relativiza aquel proceso. Habrá que reconocer, en cualquier caso, que el periodo de gestación fue complicado y difícil. Habría que recordar que sólo dos años atrás aún estábamos bajo la jefatura del Carnicerito de Málaga, también conocido como Carlos Arias Navarro, hasta que a mediados de 1976 se produjera la llegada de Adolfo Suárez, un personaje surgido del franquismo que consiguió algo verdaderamente sorprendente y paradójico al lograr que las viejas instituciones aprobaran su propia disolución. De esta manera, las siniestras personalidades y mucha de la parafernalia del franquismo quedaron relegadas a una especie de tiniebla histórica. Que no fueron tiempos fáciles lo demuestra esta terrible portada de El País del día que el Congreso aprobó el texto constitucional.

Tan complicado era todo que, a cada paso adelante en la redacción del texto constitucional, sus protagonistas se consideraron en la obligación de proclamar el carácter histórico de cada uno de esos momentos. Así, se brindó el día que la Comisión Constitucional finalizó su dictamen, cuando el pleno del Congreso remató su labor o cuando Senado finalizó su trabajo. Lo mismo se hizo cuando la Comisión Mixta remató la confección del texto definitivo.

Fueron tiempos difíciles, negarlo resultaría absurdo. El consenso por avanzar hacia un Estado de derecho amenazaba con romperse a cada paso. El PNV quedó excluido y Alianza Popular se fragmentaba precisamente por la Constitución. El inminente parto, hizo resurgir algunos viejos atavismos de la España más ultramontana que parecían haber sido sorteados. Sectores reaccionarios emprendieron una campaña por el “No” basada en la idea de una Constitución; “Atea, negadora de Dios” ya que la palabra Dios no aparecía en el texto constitucional, o “destructora de la familia” porque en su articulado se abría la posibilidad a la regulación civil del divorcio. La Conferencia Episcopal Española dio libertad a sus feligreses pero algunos obispos, encabezados por el cardenal primado y arzobispo de Toledo, Marcelo González Martín, firmó una pastoral, conocida como “el marcelazo” que era un alegato contra la Constitución por razones de conciencia religiosa.

Que fueron tiempos complicados lo dicen las hemerotecas y lo libros de historia pero, aquellos días no pueden hipotecar el presente. Llegará, tendrá que llegar, el día en el que se pregunte directamente, a los españoles, sobre la jefatura del Estado, por ejemplo. Nunca se hizo y, ya va siendo hora.

Tiempos difíciles que debemos valorar. Han pasado 30 años desde que el pueblo, en referéndum, aprobara aquel texto para que España, al fin, fuera un Estado de derecho. La sociedad española es muy diferente, el Estado se ha desarrollado conforme a lo previsto pero en el edificio constitucional aparecen grietas y desconchones. Los constituyentes tenían previsto su reforma pero una sombra alargada, otra tiniebla histérica, se opone a cualquier cambio en un texto que no puede ser como la palabra revelada, como un libro sagrado e inmutable. El llamado consenso, de hace treinta años, se construyó sobre el olvido. Treinta años después, el olvido selectivo no puede seguir sepultado en las cunetas. Si nada permanece intacto después de 30 años, ¿a qué esperamos?

Escribieron sobre el tema: Carlos Rodríguez Ibáñez, Alberto Sotillos, Geógrafo Subjetivo,Carlos Benítez, Marina Albiol, Hugo Martínez Abarca, y Antonio Rodríguez.

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5 comentarios leave one →
  1. 5 diciembre 2008 10:45 pm

    Llegará ese día en que se pregunte a los españoles sobre la jefatura del estado, de eso puedes estar seguro.

    Un beso, maestro:-)*

  2. 6 diciembre 2008 1:46 am

    Bien, muy bien al que fuera un gran texto en 1978. Pero ahora, ¡ año 2008 ! ¿ cuántos agujeros y fisuras nos presenta ?

    ¿ Cómo el artículo 14 dice que todos somos iguales y sin ningún tipo de distinción, pero existe una Institución “vitalicia” como la monarquía y con prebendas tan “DESIGUALES, ” y respecto a los otros “iguales” ?

    ¿ Por qué esa Constitución y después de 30 años no ha sido capaz de garantizar el trabajo y la vivienda a todos los ciudadanos ?

    Para retóricas y artículos vacíos, ¡ lo siento ! pero todo este sacro librillo, sólo es una ficción denigrante.

    Saludos republicanos, por supuesto. Alfa79

  3. 6 diciembre 2008 7:41 pm

    Llegará, llegará ese momento. Tarde o temprano. Lo veremos. Seguro. La tercera está en camino.

  4. 7 diciembre 2008 7:22 pm

    Si hacemos un repaso de lo que han sido estos 30 años de amnesia, de conmemoración gloriosa y de alabanzas a los padres del texto constitucional nos damos cuenta de que en los últimos años la amnesia va dejando paso a la memoria, la gloria a las miserias y las alabanzas a las quejas, reconocimientos de renuncias y consciencia de algo de fiasco.
    Un pueblo no puede edificar su presente ni su futuro sobre el olvido, y ni mucho menos puede llegar al perdón sin un reconocimiento de los crímenes, una condena de los mismos y, si alguien queda vivo, una imputación y juicio justo. Porque la justicia nunca puede reposar en el borrón y cuenta nueva.
    Ayer, por primera vez vi un reportaje en informe semanal en el que se dieron a conocer los secuestros y lavados de cerebro de niños durante el franquismo, una de sus partes más horripilantemente oscuras, y se dió a conocer como las leyes franquistas de hispanidad y raza fueron un calco de las nazis. Ayer se habló por primera vez en varios medios de que tras 40 años de dictadura, la Constitución de 1978 nos permitió recuperar la democracia, porque hasta ayer, cada año conmemorativo parecía que con ese texto habíamos nacido a la democracia por primera vez en nuestra historia. Lo que aún no se ha dicho es que después de haber alcanzado un progreso global de +50 con la segunda república, el golpe militar y el franquismo nos sumieron en una involución de -200 y que gracias al texto constitucional pudimos situarnos en un +10, alegóricamente hablando.
    Cierto que fueron momentos difíciles, momentos en lo que lo primordial era salir de la dictadura y nos costó demasiadas renuncias. Pero poco más se hubiera podido hacer hace 30 años en aquellos momentos en los que quienes cortaban el bacalao seguían siendo ellos con otros trajes, pero ellos, y los sables estaban levantados. La mayoría de la población, atemorizada pero esperanzada, y sin haberse leído la mayoría de los que votaron sí, el texto en cuestión, la votaron como naúfrago que se agarra a una tabla ardiendo.
    Se votó un texto que nos imponía la monarquía de nuevo, una monarquía en la que los derechos de la mujer se veían vulnerados y con una impunidad absoluta para el Jefe del Estado de por vida.
    Un texto ambiguo en muchos de sus articulados, un sí pero no en lo concerniente a la separación Estado Iglesia que posibilita que ésta siga con sus ingerencias de siempre y con sus ceremonias y ritos en los actos de Estado. E, igualmente, un sí pero no en lo que concierne a las comunidades autónomas y en lo que concierne a la posibilidad de realizar un Estado Federal.
    Un sí como no a la educación pública, que dejaba manga ancha a los colegios privados de la Iglesia.
    Un sí pero no en lo relativo a la soberanía del pueblo y no sólo en cuanto a lo que alude a la monarquía, sino al sistema electoral, pensado y bien pensado para que nunca el partido comunista pudiera ganar unas elecciones, como reconociera públicamente Herrero de Miñón…
    Y en fín, un sí pero no en tantas y tantas cosas que enumerarlas sería terriblemente largo.
    La transición -del 75 al 78- y el concenso nos costaron una ley de silencio y olvido, un tragarse demasiadas cosas y una abominable ley de amnistía que es la verguenza de cualquier verdadero demócrata.
    Pero pienso que las cosas se mueven, que 30 años son muchos años y que poco a poco vamos levantando la manta de la ignominia del silencio y de las renuncias.
    Que la Tercera República esté cerca, mientras haya personajes que tienen un peso político hoy, como Fraga que fue ministro de información y turismo y de gobernación y responsable en buena medida de no pocos de los atropellos de la dictadura, lo dudo. Que esté cerca cuando tantas y tantas personas de hoy siguen pensando que con Franco se vivía mejor y muy bien -Mayor Oreja entre ellos además de una parte nada despreciable de los votantes y de los militantes y dirigentes del PP, lo dudo. Tal vez tengan que pasar un par de generaciones más… Pero sí es cierto que los horizontes se van abriendo al fin.
    Un abrazo libertario, Júcaro, y mis disculpas por la extensión del comentario.
    Hannah

  5. 8 diciembre 2008 6:23 pm

    30 años y un día, he escrito yo… al final no me he resistido a escribir del tema, la sintonia muy parecida a la tuya.
    Salud y República,

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