Colección de jazz (4ª entrega)
Otra entrega de las portadas de la colección de jazz. Músicas dispares, de diferentes periodos y formas plurales de concebir el jazz. Llegado a este punto, no caeré en la manida tentación de la loa exagerada a cada uno de los discos y músicos que aparecen en esta remesa. No caeré en esa tentación, sobre todo porque en ésta, como supongo en la mayoría de las colecciones particulares, hay discos buenos, insignificantes y prescindibles. Por ello, mejor os cuento que, para la elaboración de la serie, volví a escuchar los discos que conforman este post; que volví a escuchar músicas olvidadas, a reconocer piezas; que volví a emocionarme con viejas interpretaciones y encontrar matices nuevos en temas mil veces escuchados.
Creo haberlo escrito. En cada entrega hay grandes discos, esos que aparecen en los listados de los mejores discos del jazz, intérpretes célebres y muy celebrados; también hay discos que nunca formarán parte de esos reconocimientos. Nada de eso importa; lo verdaderamente relevante es que, en cada uno de ellos, encontré argumentos para la reincidencia, para volver una y otra vez sobre una forma libre de interpretar la música. La relación entre la pieza y el ejecutante es nada si, en el oyente, no se produce esa reacción que los flamencos llaman pellizco. Cuando escuchamos la interpretación de un músico, escuchamos al hombre o la mujer que ejecuta la pieza. La música podrá ser más o menos valorada; considerada como una pieza clave en el desarrollo de un estilo músical o en la aportación de un instrumento, al jazz: esa música no nos dirá nada, no nos transmiritá nada si, en su ejecución, el intérprete no nos deja reflejos de su personalidad. Si en el oyente no se produce reacción; cabría preguntarse qué sentido tiene la música.
Colección de Jazz
































Además de la música muchas portadas de discos de jazz merecerían fomar parte de un catálogo y de una exposición por su originalidad arística y su belleza.
No sé si se habra hecho algo así alguna vez; en caso negativo habría que hacerlo, porque ya pocas portadas de discos se van a diseñar como las de estos. saludos.
Júcaro:
Como siempre, una gran coincidencia, algunos de esos discos hasta los tengo en más de un formato. Sólo por incluir Bill Evans – The Paris Concert (Blue Note, 1979), que cuenta con la maravillosa, y tal vez última versión que ejecutó Bill del tema “Quiet now” (Denny Zeitlin), este artículo vale la pena.
Un abrazo, y los mejores deseos, de corazón, para este año 2009 que ha comenzado,
Federico (ake euskir)
http://euskirtxoko.blogspot.com
Santi:
En algún momento creo que pasé este dato a Júcaro, pero si no lo conoces te recomiendo que visites este sitio, encontrarás portadas de discos a rabiar.
Saludos,
Federico (ake euskir)
http://euskirtxoko.blogspot.com
Santi, a demás de pinchar en el enlace que propone Federico, creo recordar que lo facilitó en la primera entrega de esta serie de post, te dejo unos cuantos enlaces de exposciones celebradas: El disco de la tienda al museo, Carátulas de jazz, Miró, Tàpies y carátulas de jazz.
Lamentablemente, todo indica que la relación entre diseñadores gráficos y música tiene los días contados
Un abrazo.
Gracias a los dos.