El Constitucional y el DRAE
En las circunstancias actuales, con la enorme tarea pendiente y con la caverna redoblando esfuerzos sobre el Tribunal Constitucional por tener la osadía e indecencia patria de no asumir sus postulados con respecto a Bildu, quizá no sea el momento más propicio pero no estaría mal que tan alta instancia se pronunciara sobre la adecuación a la Carta Magna del Diccionario de la Real Academia Española. Resulta que, con buen juicio y mejor intención, la Constitución vigente rechaza la discriminación por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. Considerando que el DRAE está cuajado de expresiones ajenas a ese espíritu de igualdad, respeto y concordia, sería interesante someter al filtro constitucional al diccionario de tan monárquica academia.
Si algún lector tuviera la curiosidad de consultar el diccionario de la Academia para buscar palabras como mujer y hombre, comprobaría que uno de los términos es prácticamente un compendio de virtudes mientras que el otro está salpicado de expresiones y connotaciones peyorativas. En todo caso, ambos contienen concepciones arcaicas sobre el rol que desempeñan hombre y mujer en la sociedad actual. Bastaría con buscar el significado de «mujer pública» y contrastarlo con el de «hombre público», para ilustrar las diferencias. Algo similar nos ocurriría con «gozar» que para los académicos, con todos sus reales, consiste, entre otras cosas, en «conocer carnalmente a una mujer». Así pues, o ellas se hacen lesbianas o no gozarán de los placeres de la carne según tan doctos académicos. Pero hay más, la mujer de gobierno es para el DRAE la criada que tenía a su cargo el gobierno económico de la casa; por mujer de su casa, entiende a la que con diligencia se ocupa de los quehaceres domésticos y cuida de su hacienda y familia. Si alguien argumentara que el DRAE no puede eludir el significado socialmente extendido, le recordaría el lema de la RAE y que la percepción social cambia constantemente.
Uno que es de pueblo y vive en el mundo rural se pregunta si nuestros académicos están divorciados de la realidad o si hay recovecos del lenguaje que no limpian desde hace tiempo. Rural hoy no puede tener el mismo significado que en los siglos precedentes. Bastaría con pasear por pueblos del ámbito rural para comprender cómo han cambiado; sería suficiente hablar con el personal que habita las zonas rurales para constatar que ya no responden al estereotipo de inculto, tosco, apegado a cosas lugareñas como aún recoge el diccionario en cuestión. Se acepta que, con la llegada de la democracia, las ciudades se han modernizado pero la auténtica transformación se ha producido en el mundo rural y en sus habitantes.
Pero si el DRAE nos define como toscos e incultos, no son menos generosos los que con desdén se refieren a las zonas rurales como la «España profunda» ignorando y desconociendo que la mayor superficialidad, profundidad y contraste, se observan en las grandes ciudades o, como recuerda Ramiro Pinto, que las civilizaciones nacen en los pueblos y mueren en las ciudades.
Si la Real Academia de la Lengua tiene el buen criterio de ofrecernos en línea la consulta de las distintas ediciones de su Diccionario no se entiende que mantengan expresiones como las que nos topamos en su edición más reciente.
















Tienes mucha razón, Juan Carlos.
Yo también soy de pueblo y vengo diciendo cosas que los del DRAE no me hará ni puto caso nunca. Es en relación con el riguroso orden alfabético de las entradas.
Las entradas de nombres de oficios, gentilicios, adjetivos y mucho más, en el real diccionario están imbuidas de un inconfundible machismo, pues están dispuestas así:
negro, gra.
amigo, ga
compañero, ra
socio, cia
toledano, na
madrileño, ña
manchego, ga
abogado, da
fontanero, ra
en vez de ser al contrario = amiga, go que sería el correcto y neutral ordfen alfabético.
¿Vale? Pues eso…
Y, por añadior maś leña, el diccionario en cuestión distingue muy “a propósito” entre zorro aprlicado a un hombre o a una mujer (zorra- puta) entre un perro y una perra (que nreferido a mujer será una puta) o entre callejero o callejera que por fastidiar y reincidir, referido a la mujer, vuelve a ser sinónimo de puta.
Saludos
En cualquier ciudad de nuestro país te puedes encontrar con la España más profunda, no es necesario ir a provincias muy rurales. No hay más que echar una ojeada por la fauna de Madrid, Barcelona o Valencia para encontrarse con lo más rústico, inculto, tosco y apegado a las cuestiones lugareñas de nuestro país. Desconozco cuál es grado de conocimiento del país de estos señores, fundamentalmente, y alguna señora que forman la Academia de la Lengua pero lo que está claro que están más por conservar que por poner el lenguaje al día. La sociedad les irá dando la espalda, sin duda, a quienes dan la espalda a la sociedad y a su forma de expresarse.
Pues eso, icolás, que para nuestros académicos reales sí hay discriminación por ra<ón de nacimiento o lugar de residencia y así resulta que quienes vivimos en medio rural somos presentados como incultos y toscos. Con esa tarjerta de presentación ya se pudede suponer el resto.
Saludos
Júcaro,
Victor Manuel cantaba hace ya muchos años una canción que se llamaba “La canción de la esperanza” decía: ” Es muy desigual esta partida de ajedrez ellos tienen los votos y el poder” De esa canción hace ya unos treinta años. estamos en el mismo sitio.
Solo queda reconstruir el instrumento. No puedes luchar, democráticamente, contra la derecha mientras este ejército de izquierda este hecho unos zorros por mor de unos incompetentes.
saludos,