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Videomontaje; ¿dónde está el escándalo?

3 octubre 2006

Todo lo relacionado con el videomontaje del sillón de Zapatero me produce sensaciones contrapuestas. En un principio, cuando tuve noticias en Escolar.net, lo entendí como una muestra de ingenio y frescura; una buena dosis de provocación con cierto aroma antisistema. Pensé que nadie se molestaría por su difusión, acostumbrados como estamos a montajes de todo tipo y calaña, donde los mismo se desnuda la intimidad de personajes de la farándula que se construyen fantásticas elucubraciones en base a la tenencia de un poco ácido bórico, un reloj Casio o una cinta de la Orquesta Mondragón.

Luego, cuando supe que Marín había respondido con su proverbial sentido del humor, me sorprendo y tendría que preguntarme por qué. Porque el señor Presidente del Congreso sabe que algunas muy significadas señorías devalúan y trabajan por el desprestigio de la institución parlamentaria con más ardor y mala uva que los promotores de un video del que siempre se supo que era un montaje. Cuando estos diputados actúan como suelen hacerlo, no actúa la Fiscalía del Estado aún cuando algunas de las cosas que hacen están contra todas las normas escritas y por escribir.

Con el paso del tiempo se van conociendo más detalles y se aclaran y conocen casi todos los datos. Entonces, lo que en principio me pareció algo simpático, se vuelve chusco y desagradable por muy diversos motivos:

En primer lugar, porque me engañaron. Pensé que era producto de la fantasía de blogueros, cuando en realidad es otro producto de una empresa de publicidad de reconocido prestigio y, supongo, altos rendimientos.

En segundo lugar, porque como publicidad es un fiasco. Se supone que el objetivo de una campaña publicitaria es dar a conocer un producto o concienciar, como es el caso, por algo tan necesario como la ayuda para combatir la pobreza. Sin embargo se habla más del sillón de Zapatero que de la campaña “Levántate contra la pobreza”.

En tercer lugar porque resulta indignante que la empresa buscara la complicidad de un funcionario para hacer un producto que hoy en día, con los medios técnicos existentes, no se precisa de la entrada física y real de los “actores” en el hemiciclo y si lo precisara, ¿hubiera estado demás solicitar el correspondiente permiso?

En definitiva, que todo lo relacionado con este asunto se puede concluir con eso de; mi gozo en un pozo y para escándalo, el de la pobreza en el mundo.

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