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Nosotros, los políticos y la corrupción

24 octubre 2006

Ahora que tanto se habla de municipalismo y urbanismo asociándolos a casos de corrupción, habría que dejar bien claro que los concejales, que aprueban los desarrollos urbanísticos de pueblos y ciudades, no son tan distintos de nosotros. La mayor diferencia, que desde luego no es poca, estriba en que ellos son cargos electos y depositarios de la confianza popular y que a ellos les ofrecen comisiones. Por lo demás, no somos tan diferentes; los políticos son reflejo de la sociedad y en política se repiten las mismas pautas que se observan en la sociedad.

Suele afirmarse que uno de los motivos de tanta malversación urbanística es la precaria financiación de los ayuntamientos. Los escándalos que hoy conocemos se entienden, en parte, por la aceptación como verdad incuestionable de la carencia de financiación suficiente para desarrollar las actuaciones políticas necesarias. Este argumento se desmorona cuando en los grandes escándalos, en los menos mediáticos también, siempre aparece alguien, con nombre y apellidos, que se lo lleva calentito mientras que las arcas municipales permanecen escuálidas y frías. Por lo tanto, la corrupción ni nace ni la provoca ese déficit financiero. Ojalá fuera así de simple porque, entonces, bastaría con dotar de recursos económicos suficientes a las corporaciones municipales para acabar con tanto delito.

En el blog de Fernando Martínez se hace una lectura muy interesante de la Constitución, una lectura cargada de sentido común y que seguramente, esos que tanto invocan la Constitución, rechazarían. Se trata de la frase final del artículo 47 que textualmente dice que: “La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos” ¿Para cuando reclamar la parte proporcional que correspondería a las entidades públicas? Supongo que para cuando el reconocimiento del derecho a una vivienda digna pase del papel a la realidad. Es decir, ¿nunca?

En los casos de corrupción todos dirigimos los focos hacia los políticos, pero ¿dónde colocamos a los empresarios, a la banca y a esos fedatarios de la actuación legal en contratos, testamentos y otros actos extrajudiciales que son los notarios sin cuya “colaboración” la materialización de muchos delitos urbanísticos sería muy compleja y casi imposible.

Cuando el PSOE propone un decálogo contra la corrupción urbanística. No tiene que esperar la aprobación de las otras fuerzas políticas sino que debe aplicarlo con rigor, entre sus propias filas, y actuar con contundencia porque es preferible otro Demetrio Madrid, con la injusticia que el caso supuso, a ese continuo goteo de escándalos urbanísticos salpicando a concejales y alcaldes socialistas.

Los políticos no son ejemplares pero, ¿lo somos nosotros? Cuando se informa de casos de corrupción se alude a gente indeseable que utilizan estamentos públicos para repetir los vergonzantes actos que se suceden todos los días en el ámbito privado y comercial. Si fuéramos intolerantes con la corrupción no permitiríamos que estos casos que ahora conocemos se produjeran. Pero pudiera suceder que quienes salen en los periódicos y telediarios no fueran sólo políticos, sino representaciones de nosotros mismos.

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Seleccionado y publicado en la sección de opinión, DESTACADOS DEL DIA, de El Otro Diario

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2 comentarios leave one →
  1. 26 octubre 2006 9:03 pm

    La corrupción aparece cuando aparece la oportunidad. Quien se corrompe lo hace gracias a alguien que le pone en bandeja ese tanto por ciento que podrá ir a su bolsillo. Todos somos muy honrados si no tenemos posibilidad de otra cosa pero cuando ésta aparece supongo que es mucho más difícil mantenerse al márgen y no caer en la tentación.
    Y eso pasa en política y en la empresa privada. Para aceptar un sobre tiene que haber la otra parte que lo ofrece.

  2. Júcaro permalink*
    26 octubre 2006 9:22 pm

    Evidentemente, aunque también están los que se “meten en política” para recibir esos ofrecimientos. Estoy convencido de que estas corruptelas desaparecerán cuando socialmente sean repudiables. Hasta hace muy poco, igual todavía, era frecuente oír a alguien vanagloriarse de engañar en la declaración de la renta entonces no sólo nadie reprochaba ese fraude sino que muchos lo consideraban una proeza. Con la corrupción urbanística pasa algo semejante, mientras que no tomemos conciencia que los pelotazos urbanísticos son un delito, mientras que aspiremos a vender nuestra casa -quien la tenga- por mucho más de su valor real, mientras que la conciencia social no cambien y la especulación sea considerada negativamente, mientras esto no cambie siempre existirá el empresario que ofrezca dinero y el concejal que caiga en la tentación de recogerlo. Mientras que ese día llega los partidos políticos, con decálogos o sin ellos, debieran ser los primeros interesados en poner freno a tanto escándalo.

    Gemma, saludos y gracias por pasarte por aquí.

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