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Iraq y El Roto

23 noviembre 2006

En ocasiones el humor y la sagacidad de El Roto se me escapan. Hoy publica una de esas viñetas que, como suele se habitual, no nos deja indiferentes, que hace pensar y que, para colmo, parece contar con el don de la oportunidad.

Hoy Bagdad vuelve a bañarse de sangre. Tampoco se trata de atribuir a El Roto el don de la predicción. Lo que sucede en Iraq todos los días, muchos lo anunciaron cuando Bush y sus secuaces nos quisieron convencer de la necesidad de instaurar la democracia a cañonazo, la libertad a bombazo limpio y la paz firmada con las manos pringadas de petróleo.

Solo hace unos días conocíamos que, durante el mes de octubre, la cifra de muertos civiles estimados por la ONU era de 3.709. No es preciso añadir los muertos militares para sobrecogernos con la magnitud de la tragedia. Tampoco será necesario recordar que se cuentan por centenares los desplazados, ni recordar las carencias que padecen a diario los iraquíes desde que la fatídica decisión de invadirla. No es necesario porque de todos son conocidas pero para nuestra vergüenza es preciso recordar estos datos, es recomendable que no nos borren la memoria, que no nos acostumbremos a la muerte como las carroñas.

Nos dijeron, como si no lo supiéramos, que el régimen de Saddam era despreciable. Que era preciso juzgarle; que una vez juzgado todos aprenderían la lección. Husseim fue juzgado con garantías jurídicas similares a las que él ofrecía a sus enemigos y la respuesta violenta es la previsible. La lección aprendida es una lección sabida; si antes del juicio había atentados a diario, después de este simulacro judicial los actos de violencia se suceden como en una orgía monstruosa imposible de detener.

El dolor, el horror y la sangre del tirano ha sido sustituida por más dolor, por más muerte y por más desolación. Vuelvo a El Roto y me sugiere que, algún día, alguien debiera sentar en un tribunal internacional de justicia justa a los adalides de la invasión iraquí, a quienes acercaron una cerilla encendida al depósito de petróleo.

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One Comment leave one →
  1. 23 noviembre 2006 10:07 pm

    La consecución de la democracia ajena es algo que siempre ha obsesionado a los diversos presidentes americanos y evidentemente nunca ha sido por altruismo y solidaridad, porque cuando ha interesado les han parecido estupendas las dictaduras que les han beneficiado.

    En Irak, más que a encender la cerilla al depósito de petroleo han ido a ver si se lo pueden llevar.

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