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Lecciones del pasado reciente

11 diciembre 2006

Vivimos una época que necesita políticos comprometidos en el bien común, capaces de aparcar sus diferencias ideológicas o partidarias para alcanzar el sueño de acabar con el terrorismo. Pese al denostado trato de que son objeto con demasiada frecuencia y del esfuerzo que muchos hacen para que así sea, en nuestra historia reciente encontramos momentos en los que los políticos han dado muestras suficientes de grandeza y eso que se llama altura de miras.

Dos ejemplos. En 1977 firmando los pactos de la Moncloa que, superando diferencias y deseos de revancha, permitieron sortear una crisis económica tremenda y alumbrar la Constitución. El otro momento se produjo a partir de la intentona golpista de 1981 en la que los iluminados de siempre quisieron acabar, al igual que en 1936, con el sistema democrático. Afortunadamente, en 1981, los partidos democráticos reaccionaron unidos y con una misma voz; los fascistas se mostraron impotentes y se quedaron en el intento.

Ahora, vivimos días que requieren de la grandeza y generosidad de aquellas ocasiones. La paz parece más accesible que nunca y sin embargo, nos falta esa unidad que los demócratas supieron construir en 1977 o en 1981 superando diferencias accesorias. Entonces, la unidad se mostró como un arma mucho más poderosa que los delirantes ardores patrios de aquellos nostálgicos del franquismo. Los demócratas, políticos y ciudadanos, rechazaron posibles ventajas electorales para unirse en un interés común; lo consiguieron. Si hoy todos actuáramos de manera semejante, el final del terrorismo etarra estaría más próximo.

En estos días, asistimos perplejos a la representación de un desencuentro total por la manera de acabar con el terrorismo. Si, como se hizo en 1977 o en 1981, nuestros políticos entendieran la trascendencia de este momento, igual se aparcaban diferencias y, en la unidad, encontraríamos el final que todos decimos desear.

La responsabilidad es de todos, de políticos y ciudadanos. De los ciudadanos, porque no podemos asistir a estos desencuentros como espectadores pasivos de una vulgar escenificación sin comprometernos con la paz; de los políticos, porque si este proceso fracasa la culpa será de los asesinos pero también de aquellos que no trabajaron para construir la paz.

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3 comentarios leave one →
  1. 12 diciembre 2006 3:57 pm

    Saludos

    Actualmente estamos en un diálogo de sordos, y en tanto que los mandamases de la oposición sigan creyendo que el PSOE conspiró para llegar al gobierno actual de una forma u otra (las teorías Conspiratorias son ricas en posibilidades), no hay posibilidad alguna de entendimiento entre las dos fuerzas principales.

    En ese sentido, cuando uno dice que no está negociando temas políticos, el otro contesta que deje de negociar temas políticos, cuando uno dice que hay que dialogar, el otro dice que nanay, que eso ni se hace ni se hizo, cuando uno dice que se sigue persiguiendo el terrorismo, el otro cree que ya se han rendido y todo.

    Es diálogo de sordos, no se escuchan entre sí, ni tienen intenciones de hacerlo, no ahora, no en estas circunstancias. ¿Qué voluntad falta para que haya un encuentro? ¿Qué debemos hacer para que lo haya? Difíciles respuestas ante simples preguntas. Dudo que, a unos y otros, interese realmente la respuesta.

    Hasta Luego 😉

    PD: Ha puesto 1997 en vez de 1977

  2. 12 diciembre 2006 7:18 pm

    Jomra, describes atinadamente la situación de la falta de entendimiento y lo que es peor la ausencias de voluntad de alcanzarla.

    Ante esta situación hay varias opciones. Al PSOE, por ejemplo, se le puede exigir valentía para tomar cuantas sean precisas para reconducir el proceso que ahora parece estancado y con fecha de caducidad. Que escuche a todos esos grupos parlamentarios que le ha prestado su colaboración en este proceso y concierte con ellos las medidas a seguir y que tienda la mano al PP para que se sume. Al PP solo le exigiría que hiciera ejercicios memorísticos y practicas de coherencia. A estos dos partidos que renuncien, por una sola vez y en este asunto concreto, a réditos electorales. A los ciudadanos que defendamos entre nuestros conocidos la posibilidad del diálogo, que expresemos nuestra voluntad en conversaciones, blogs, en los diarios aprovechando la sección de cartas al director que digamos con toda nitidez que “en mi nombre sí” para que ojalá se convierta en un masivo “en nuestro nombre si”.

    Considero que cualquier cosa, menos el permanecer callados, cualquier cosa que podamos hacer será positivo. Estoy convencido que somos muchos más, me fastidia que parezcamos menos.

    Saludos y gracias por la advertencia de la fecha.

  3. 13 diciembre 2006 1:39 am

    Saludos

    Por cierto, al respecto, una viñeta del genial máximo:
    http://www.elpais.com/vineta/?d_date=20061213&autor=M%E1ximo&anchor=elpporopivin&xref=20061212elpepivin_3&type=Tes&k=Maximo

    Hasta Luego 😉

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