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Un Gobierno genuflexo

13 diciembre 2006

Reconozco que, en líneas generales, la gestión que realiza el gobierno Zapatero está respondiendo a las expectativas y que, para cuando asaltan las dudas, es suficiente escuchar a los portavoces del PP y resto de caverna para disipar las reservas electorales. Pero hay aspectos de la gestión que producen una profunda decepción.

Resulta frustrante el trato hacia la iglesia vaticana para quienes entendemos que el Estado no debe tutelar ningún credo. Tal vez como reminiscencia del nacionalcatolicismo, resulta que aquí no hay gobierno con las ideas claras para situar la religión en el ámbito personal. Unos porque esperan ser ungidos, bendecidos y recompensados electoralmente, otros porque sencillamente no se atreven y es de éstos desde donde procede la decepción. Fruto de esta cobardía, la construcción del Estado laico parece una autentica quimera, como afirma Juan José Tamayo en un acertado artículo publicado recientemente en El País.

Sostiene Tamayo, artículo de pago, que la construcción del Estado laico se está convirtiendo en una misión imposible. Sitúa el origen de esta situación en la propia Constitución cuando considera que “ninguna religión tendrá carácter estatal” para a renglón seguido citar a la Iglesia Católica. También señala como error de todos los gobiernos el mantener un estatus de privilegio para la Iglesia Católica. Lamentablemente algunas de las actuaciones recientes, del actual Gobierno, son contrarias al proceso de laicidad que muchos esperábamos. El acuerdo de financiación de la Iglesia Católica por el que el Estado continúa pasando el cepillo para la Iglesia es un paso en sentido contrario. La consolidación del catecismo en la escuela es la otra renuncia que además perpetúa una situación única en la administración pública, esa que consiste en que los obispos seleccionen al personal, los page el Estado, y los monseñores se reserven la potestad de cesarlos.

Si todas estas medidas estaban inspiradas en el intento de aplacar la beligerancia de la cúpula eclesial, el Gobierno ya debiera saber que su intento ha sido en vano. Porque resulta esclarecedor que, a pesar de tanta pleitesía gubernamental, la Iglesia vaticana continúe en su ofensiva contra el Gobierno. Así, la cúpula y los megáfonos episcopales, con un descaro insultante, mantienen que son objeto de discriminación y hablan de persecuciones similares a las que sufrieron los primeros cristianos. Para que se sonrojaran, si tuvieran vergüenza.Y mientras tanto, la aconfesionalidad es un supuesto cada vez más lejano.

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Seleccionado y publicado en la sección de opinión, DESTACADOS DEL DIA, de El Otro Diario

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3 comentarios leave one →
  1. 16 diciembre 2006 1:44 pm

    Yo tampoco lo veo nada claro y cierto es que de poco sirve jugar al estira y afloja moderado mientras por el otro lado caen chuzos de punta a través de voceros radiofónicos que se creen los representantes de Diós en la Tierra.

  2. Júcaro permalink*
    16 diciembre 2006 2:45 pm

    Gemma, para corroborar todo esto, hoy publica ABC que Vaticano y Gobierno blindan la financiación incluyéndola dentro de los pactos Iglesia-Estado. En fin… un estado laico, aconfesional acaso. ¿para cuando?

    Saludos

Trackbacks

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