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Libertad de expresión y otras perversiones

25 diciembre 2006

Con la libertad de expresión me sucede lo mismo que con la democracia; puesta en boca de algunos me provoca náuseas. La democracia mediática es desesperante porque nos sitúa en la tesitura del simplismo de los tiempos del innombrable. Entonces, cuando pensar era un delito y obedecer la virtud, todos los políticos eran rojos y peligrosos los que pensaran distinto. Vivimos, como cuando el extinto y como siempre, en tiempos de síntesis más que de análisis.

La muerte del penúltimo dictador fue utilizada para ensuciar una vez más la palabra libertad. ¡Qué tendrá esta palabra para que tantos la escupan! Los herederos del dictador chileno se atrevieron a decir que el dictador “defendió la libertad”, aún no se han enterado que la primera víctima de una dictadura es la libertad. Bush se parapetó detrás de conceptos libertad y democracia para invadir y hacer la guerra. Hay quienes defienden a Israel por su etiqueta demócrata, de nada importa que legalice el asesinato selectivo de palestinos o que actúe como un Estado terrorista.

De igual manera algunos periodistas se refugian en eso de la libertad de expresión para insultar, confabular y manipular. Luego, en una expresión más de babeo agradecido, sale un Zaplana cualquiera para hablar de persecución hacia ese periodista agresor que a ratos se siente agredido. Periodismo Incendiario lo trata adecuadamente, mejor leer a Manuel Rico para desmontar todo este esperpento. De todas maneras, si no se sabe distinguir ironía de sarcasmo o se confunde el periodismo de investigación con la filtración intencionada, apañados vamos. Para completar el círculo. Existen políticos que seguros, tras su aforamiento, no dudan en proclamar las mayores barbaridades en nombre de la libertad de expresión utilizando la seguridad jurídica que les otorga el cargo.

En el fondo todo este descaro verbal y desvergüenza obedece a un planteamiento simplista: La gente es tonta y como tales serán tratadas. Así, se usa y abusa de palabras agradables, de palabras que no producen rechazo para abordar las tareas más ruines. ¿Quién puede pronunciarse en contra de la libertad o la democracia? ¡Quieren coartar mi libertad!, proclama el libertino, y todos tendemos a la condescendencia.

Como en principio, éstos son conceptos generalmente aceptados por una inmensa mayoría, los manipuladores de la realidad se afanan en utilizarlos como salvoconducto para sus intereses. Será que algún eslabón se ha perdido porque tanta gente poderosa tomándonos por memos o presentándose como víctimas indefensas debe responder a algo. Aunque pensándolo bien será que ignoran que los lerdos son ellos.

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3 comentarios leave one →
  1. 30 diciembre 2006 2:32 pm

    Sí, tienes razón. Es evidente que la libertad de expresión te da náuseas.

  2. 31 diciembre 2006 12:54 am

    Compi, ¿has visto cómo lo más jondo de la caverna libegal ha pillado nuestros textos sobre el tema para fiskearlos en su web? Cuanto honor, el Rallo 😆

  3. 31 diciembre 2006 1:42 am

    He visto. Tenía que ser en un día tan caverno como este. Arcadas tengo todavía. ¡puf!

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