Skip to content

El honor perdido de Katharina Blum

2 abril 2007

Todo está escrito; todo está en los libros. Pensamos que vivimos situaciones únicas y un día cualquiera alguien nos recuerda un libro que nos ayuda a caer del guindo.

Lo había leído hace años pero la mala memoria o la lectura en otros registros, no hacía asociar El honor perdido de Katharina Blum con nuestra realidad mediática. Alguien me comentó que acababa de leer la obra de Heinrich Böll a partir de una recomendación de José Martí Gómez en la Cadena Ser; entonces lo busqué entre los libros que aún conservo y volví a leerlo.

Aunque en la obra aparezcan terroristas no es un alegato sobre el terrorismo; aunque alguien pudiera pensar que es una novela política o de ambiente político, tampoco lo es; como tampoco pueda etiquetarse de novela negra aunque en ocasiones pudiera dar esa impresión. Como bien apunta su autor, es una historia de amor. Una historia de amor de la que me quedo con la critica al conformismo de una sociedad burguesa incapaz de ver más allá de las letras que lee o con el mordaz reproche al sensacionalismo, al periodismo sensacionalista. El hilo conductor es el amor; lo que da sentido a toda la historia es el amor y sin éste la historia perdería interés, pero el adobe de la historia es el amarillismo de cierto tipo de prensa. Leí hace tiempo que Heinrich Böll se inspiró para escribir esta novela, a manera de informe policial, a raíz de las denuncias contra las tropelías y fechorías cometidas por la cadena Springer.

En esta obra, el PERIoDICO representa a ese sector de prensa sensacionalista que, a fuerza de difundir falsedades, consigue inculcar en sus lectores ideas equivocadas de la realidad. Releía y me resultaba imposible evitar el paralelismo con las sandeces conspiranoicas que cierta sector mediático ha propagado sin rubor en los últimos años. Imposible recordar a Díaz de Mera como el tonto útil que inspira o entrega la coartada irrefutable, aunque inexistente, para que esa prensa se agarre a ella como náufrago a una imposible tabla de salvación. El esquema es el mismo; eligen un acontecimiento, un suceso, buscan información y crean una situación o un personaje al que poder criticar, ofender y destruir socialmente, simplemente porque es lo que vende.

Cierro el libro y recuerdo cómo el famoso Yo acuso, de Zola, y una campaña de prensa sirvieron para rectificar el error judicial cometido con Alfred Dreyfus. De aquel manifiesto muchas frases pasaron al acervo común: “La verdad está en marcha y nada la detendrá”. Como el propio Zola escribía, ocurre que el camino es largo, sembrado de alimañas, difamaciones a granel, documentos inexistentes y auge de la prensa sensacionalista, añado.

Todo está escrito. El amor en los tiempos del cólera de García Márquez, el aburrimiento en Ulises de James Joyce, la confusión entre ensoñaciones y realidad en Juegos de la Edad Tardía de Luis Landero o la teoría de la conspiración en El honor perdido de Katharina Blum

Anuncios
7 comentarios leave one →
  1. 2 abril 2007 1:07 pm

    Efectivamente nos redescubrimos leyendo. Creemos estar descubriendo algo y en algún momento lo veremos escrito por otro, por otros, antes, mucho antes que nosotros, pero así es la vida, así es el camino, todos debemos hacerlo, aprendemos haciéndolo -además de leyendo- sobre todo haciéndolo. Sensaciones, situaciones, emociones, dolor, todo está ahí, pero necesitamos vivirlo, debemos vivirlo.
    besos. PAQUITA

  2. Júcaro permalink*
    2 abril 2007 4:44 pm

    PAQUITA, alguien dijo que vivimos siempre la misma historia. Tienes mucha razón cuando escribes: “aprendemos haciéndolo -además de leyendo- sobre todo haciéndolo”.

    Besos

  3. 2 abril 2007 10:04 pm

    Sin duda los escritores reflejan en sus libros lo que han vivido o lo que ven. No inventan nada… Te puedo decir, por ejemplo, que cuando leí Juegos de la Edad Tardía, me asusté tanto que llegué a pensar que Landero me conocía de toda la vida. De esto hace ya un montón de años…

  4. 2 abril 2007 10:15 pm

    Angelusa, a veces recuerdo la novela de Landero y me pregunto si no me estoy convirtiendo en ese personaje sólo que cambiando el teléfono por el teclado del ordenador y una lenta conexión a Internet. Sinceramente, el recuerdo de la transformación de Gregorio en el gran Fantoni me ayuda mucho para evitar ciertos peligros.

    Besos

  5. 3 abril 2007 12:32 am

    Me refiero a mi vida antes de Internet, cuando era adolescente y escribía poemas y relatos, que los firmaba con pseudónimo y me metía tanto en el nombre inventado que me lo acabé creyendo. Sin embargo en el teclado soy más “yo” que nunca.
    De todos modos no está mal tener siempre presente a Faroni (es Faroni), para evitar ciertos vícios de la mente.
    Un besito, Júcaro.

  6. 3 abril 2007 1:03 am

    Fa-ro-ni. Efectivamente; entre la memoria y el teclado tendría que justificar un cambio de nombre, pero…

    Gracias y besos

Trackbacks

  1. PLANET www.Red Progresista.com » Blog Archive » El honor perdido de Katharina Blum

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: