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Al historiador Juan Pablo Fusi

3 abril 2007

La crispación es una estrategia fabricada por la derecha para alejarnos de las urnas; un bozal de nuevo diseño para amordazar revoltosos. Los revoltosos somos nosotros, los que pertenecemos a ese grupo escorado a la izquierda que no comulga ni con ruedas de molinos ni otras hostias fin-de-semana y que, en ocasiones, actuamos tan quijotescamente que preferimos no acercarnos a las urnas porque algo nos disgusta de los que mejor nos pudieran representar. Por cierto, ¡menudo dilema se me presenta para las municipales!

Si algún grupo de estudiantes visitara el Parlamento en días de Sesión de Control se llevarían una penosa impresión de lo que allí sucede -escribo estudiantes como pudiera poner trabajadores del metal, turistas, agricultores, o simples curiosos-. Allí se representa un caos. Gestos insultos y burlas o chanzas similares a las que un día cualquiera puede observarse en cualquier campo de fútbol cuando la hinchada estima que su equipo sale perjudicado, con la diferencia de que unos son anónimos ciudadanos que tal vez en el exabrupto busquen un desahogo y los otros, representantes públicos que cobran de nuestros impuestos y reclaman nuestra confianza cada cuatro años.

Pretenden fatigarnos, aburrirnos con sus juegos infantiles y simulaciones soeces. La estrategia se diseña en dos planos. Por un lado mantener prietas las propias huestes y de otro conducirnos hacia el hastío. Saben que son menos, son conscientes de ello y ponen todo el empeño posible para que nos produzca tanta asquerosidad sus juegos de pacotilla democrática que confían en nuestra deserción para dejarles el terreno expedito, no acudiendo a las urnas. Saben que entre nosotros la abstención siempre encuentra defensores, valedores de la dignidad del abstencionista; en ella está su victoria.

Cuentan en esa estratagema con infinidad de medios, opinadores, historiadores y espontáneos. Como a los historiadores les suelo tomar más en serio porque espero de ellos reflexión, contraste analítico, rigor, procedimientos fiables y alguna distancia partidaria, me sorprende La democracia en crisis de Juan Pablo Fusi. Plantear la situación actual como crisis es un error. La democracia española sí pasó por auténticos periodos de crisis cuando algunos iluminados tomaron el Congreso, cuando al fondo sólo se percibía un inquietante ruido de sables o cuando la cúpula de Interior fue condenada por la justicia.

Esas tres situaciones sí constituyeron auténticos momentos de crisis. Luego, antes también, vinieron periodos de gran preocupación o agitación: cuando los asesinatos de ETA se contaban por centenas cada año, cuando el director general de la Guardia Civil se lo quedaba todo o cuando Aznar nos metió en la guerra de Iraq. Periodos de agitación que no de crisis porque nunca se cuestionó la supremacía de la democracia sobre otras fórmulas y porque el propio funcionamiento democrático iba colocando a cada pájaro en su sitio, rincón de la historia incluido. Estos acontecimientos enervaban los ánimos, iluminaban a los columnistas e inspiraban a los primeros bitacoreros pero nunca pusieron en crisis a la democracia. Así pues el señor historiador debiera, cuando escribe, utilizar algunos de los instrumentos que son tan recomendables en cualquier analista del pasado y del presente.

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8 comentarios leave one →
  1. 3 abril 2007 2:15 pm

    Júcaro el enlace que has puesto en tu post al artículo de Fusi no funciona.
    Estoy de acuerdo en lo del espectáculo bochornoso del Congreso, por desgracia en demasiadas ocasiones, pero creo que, aún existiendo marrulleros en todos los partidos, el PP se lleva la palma en esto.

  2. 3 abril 2007 9:11 pm

    Que lo de las municipales es un dilema hace ya tiempo que me lo planteé ¡y eso que yo vivo en Getafe! en fin, me tocará tirar de donde acabo tirando casi siempre: “del mal… el menos”
    Besos. PAQUITA

  3. 3 abril 2007 10:18 pm

    Mercè, gracias por el aviso. He intentado corregir el enlace para que se pueda acceder.

    PAQUITA, si en Getafe es un dilema qué puedo contarte de un pueblo de 15.000 habitantes donde nos conocemos todos y donde corremos el riesgo de convertir al actual alcalde en un auténtico monstruo.

    Cansado de contemplar cómo el alcalde hace de su capa un sayo y dilapida la ilusión de muchos afiliados y ciudadanos que votan al PSOE regularmente, me planteo votar otra opción. Contemplo el panorama electoral de mi pueblo y la desazón llega a la angustia.

    En fin, se acercan las fechas y no lo tengo nada claro.

  4. Josep permalink
    5 abril 2007 10:48 am

    Pues yo sí veo la crisis, y no es pequeña. Muchos detalles se me ocurren, pero como estoy semifestivo pondré solo uno (y digo “solo” sin acento porque ayer me enteré con pasmo que desde 1959 no es necesario acentuar ningún solo, ni el “solamente”). En fin, a lo que iba, un ejemplo:

    Unos representantes políticos elegidos democráticamente elaboran una ley en sede parlamentaria autonómica, la someten a referéndum legal, es aprobada por amplia mayoría de los votos emitidos y además refrendada en el parlamento nacional. La ley entra pues en vigor con un valor democrático “cuádruple”: elaboración por representantes votados, votación en parlamentos autonómico y nacional y votación del pueblo.
    A continuación, un tribunal con claro condicionamiento político de sus miembros modifica esa ley hasta desvirtuarla.
    Mi pregunta: ¿dónde queda la democracia?

    Esto es lo que está a punto de ocurrir con el estatuto de Cataluña.

  5. Júcaro permalink*
    5 abril 2007 11:21 am

    Josep; Jéssica se hace una pregunta similar a la que planteas, ¿Qué pasaría si el Constitucional nos tumba el Estatut? No se pierda el debate posterior que la autora mantiene con Lluís.

    Sin entrar en el fondo del asunto; supongo que toda legislación debe ser acomodarse a la ley marco que es la Constitución –cosa distinta es que este espacio constitucional nos parezca estrecho-. Si el TC determina si el nuevo Estatut se ajusta o no a la Constitución simplemente habrá actuado los mecanismo establecidos.

    Recientemente el TC calificó como inconstitucional del famoso “decretazo” del gobierno de Aznar. Quiero plantearle unas preguntas: ¿las decisiones del Gobierno pueden ser revisadas, en sus competencias, por el TC?, las leyes emanadas del Parlamento español -poder legislativo- pueden ser estudiadas por el mismo TC para determinar si se ajustan o no a la Constitución por el hecho de ser aprobada por los legítimos representantes de los ciudadanos? Otra cosa, le repito, es la consideración que tengamos de la Constitución vigente y la necesidad de reformarla.

  6. Josep permalink
    5 abril 2007 4:08 pm

    Apreciado Júcaro,
    quizá tengamos conceptos diferentes sobre lo que significa democracia.
    En el caso que me planteas sobre el decretazo, no puedo más que estar de acuerdo contigo. Puesto que un gobierno, una vez elegido democráticamente, puede cometer errores, ahí puede intervenir el TC.
    Pero cuando una ley, aprobada y aceptada no solo por los representantes elegidos, sino por el pueblo mismo mediante consulta popular, es negada por un tribunal constitucional, eso, desde mi punto de vista invalida a ese tribunal y/o a la propia Constitución si resultan contrarios a la voluntad del pueblo. Voluntad de la cuál, no lo olvidemos, emanan los poderes políticos, el tribunal constitucional y la Constitución. Aquí no veo tema discutible: si un plebiscito ha sido legalmente convocado y realizado, no hay tribunal en este país que lo pueda echar atrás.
    Quizá un ejemplo simple podría ser más claro: Supongamos que un gobierno “cuela” de forma tramposa un referéndum sobre la restauración de la pena de muerte. Y supongamos que los españoles -Dios no lo quiera- voten claramente por el sí. Puesto que la pena capital es contraria a nuestra Constitución, el TC anularía el referéndum, pero no podría anular LA VOLUNTAD EXPRESADA POR EL PUEBLO, de significado mayor al de un gobierno o un parlamento, y DE RANGO SUPERIOR A LA PROPIA CONSTITUCIÓN. Este caso llevaría a la reforma constitucional para dar cabida a la pena de muerte.
    Y a todo ello añadiremos otro tema de gran calado como la actual politización del TC, que ya de por sí lo invalida, así como que hechos tan trascendentes puedan ser decididos por un simple voto de calidad, o por la clamorosa y nunca vista recusación política de uno de sus miembros mediante subterfugios inauditos, confundiendo el hecho de ser parte conocedora de un tema con ser parte interesada (con lo cuál este tribunal no podría estar formado por expertos, sinó solo por juristas muy mediocres, aquellos a los que nadie encarga informes).
    En el fondo de los acontecimientos actuales subyace no solo una crisis de la democracia, sino del propio estado. Y no quiero ser alarmista, pero solamente si vemos las cosas tal como son, podremos evitar que empeoren.
    Júcaro, si no crees que estemos en una crisis democrática, deben parecerte casi locos algunos personajes importantes que han hablado de “guerracivilismo”.

    Un saludo, lamento no poder aportar más, pero ahora mismo me marcho unos días. Espero que también puedas tener unos días de relax.

  7. Júcaro permalink*
    5 abril 2007 6:03 pm

    Considero que el interprete cualificado es el TC y su función es la que es. Otra casa será la opinión que nos merezcan sus pronunciamientos o las maniobras para que la correlación de fuerzas de sus integrantes.

    Algunos juristas piensan como lo haces tú y se preguntan si es razonable que se interponga un recurso de inconstitucionalidad contra un estatuto de autonomía que ha sido aprobado por las Cortes Generales y refrendado por la ciudadanía. Sinceramente pienso que sí que es razonable cuando alguien tiene dudas y capacidad para elevarlo al Tribunal Constitucional. Cosa distinta es analizar las motivaciones que llevan al PP a presentarlo; particularmente estimo que lo hacen porque en el resto del Estado les proporciona réditos electorales suficientes.

    Catalunya como Andalucía han sometido sus reformas estatutarias al plebiscito de sus ciudadanos; en ambos casos la consulta se saldó con escasa participación y apoyo mayoritarios. Otras comunidad, Valencia por ejemplo, no sometió su reforma a referéndum. Paradojas democráticas; el Estatut será analizado por el TC , el Estatuto de Andalucía, si Juan Carlos Rodríguez Ibarra cumple su anuncio, también. Lo que ocurra con el Estatut no nos resulta indiferente al resto de comunidades o nacionalidades. Lo que ocurra con el Estatuto de Cataluña en el TC no afectará exclusivamente al ejercicio del derecho a la autonomía en esa comunidad, sino que nos va a afectar a todos los territorios.

    En cualquier caso, independientemente de las consideraciones que merezcan las pretensiones de ese nacionalismo españolista representado por el PP, la decisión puede suponer un tiempo de crispación de exaltación patriotera de unos u otros pero por crisis entiendo algo más trascendente; algo que sea capaz de poner en riesgo el propio sistema democrático o la fórmula de vinculación de los distintos territorios. Sinceramente, no pienso que llegue a tanto.

    Saludos.

  8. 6 abril 2007 9:09 am

    ¿ Seguro que son menos? Yo creo que hay muchos, muchos que creen que la falta de trabajo o el aumento la delincuencia son imputables a los inmigrantes; muchos los que creen que la democracia está hecha para que cuatro gañanes vivan bien, muchos los que creen que la cuestión vasca no merece diálogo ( o la catalana, si la hubiera); muchos que ven con simpatía al defraudador de impuestos; muchos que salen a la calle si su equipo está amenazado de bajar a segunda, y no mueven un dedo por el drama de las pateras…Muchos los millones que votan a la derecha, porque prefieren vegetar antes que pensar.

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