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Si fuera la belleza

10 abril 2007

Leo en El País.com que la belleza pasa desapercibida. Resulta que un virtuoso del violín toca un Stradivarius, en el metro de Washington, ante la indiferencia del personal cuando sólo unos días antes había llenado el aforo de un teatro al precio de 100 euros la entrada.

Es cierto que vivimos apresuradamente, que nos despreocupamos en saber lo que tenemos delante, que vamos a lo nuestro. Es cierto que también somos rehenes de la publicidad que estamos abducidos por las campañas propagandísticas y que nos venden lo que nos quieren vender; la necesidad ya nos la crearon previamente. La mejor novela, como la mejor música o la mejor película pasarían desapercibidas si no es objeto de una adecuada promoción publicitaria. Pero dicho esto, ya podrían haber realizado el experimento en un parque, en un lugar donde el personal más que trasladarse al trabajo, al hogar, a la universidad, se dedique al sosegado ocio de pasear sin prisas ni con el reloj entre ceja y ceja.

Es cierto que la belleza es un concepto que suena rancio, antiguo. Ahora que se apuesta por el rescate de palabras en desuso, habría que reivindicar la palabra belleza porque hoy lo bello tiende a confundirse con lo vano y superficial. Cuando escribo belleza no me refiero a la estética de un objeto, al físico de una persona; me refiero a la belleza como sentimiento a esa espiritualidad que dice el DRAE existe en la naturaleza y en las obras literarias y artísticas. Cuando, por ejemplo, las mujeres afean los concursos de belleza femenina no lo hacen contra las mujeres participantes sino contra el uso frívolo que de lo bello hacen. Entonces hay más belleza en esas feministas que en las lindas jóvenes de cuerpos y rostros perfectos. La belleza pasa desapercibida, es cierto, pero en las circunstancias en las que el violinista sonó el Stradivarius también pasaría inadvertida la miseria, el abandono y todo ese cuarto mundo que malvive en las bocas del metro de cualquier ciudad.

La belleza pasa desapercibida, poético título para enmascarar lo estupidez humana pero, lo dicho; igual la insensibilidad no radica tanto en los usuarios del metro como en la estupidez de quienes planificaron el experimento.

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Seleccionado y publicado en la sección de opinión, DESTACADOS DEL DIA, de El Otro Diario

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6 comentarios leave one →
  1. 10 abril 2007 4:13 pm

    Ciertamente! Buen Post!

    Feliz Cumpleaños!

  2. 10 abril 2007 5:22 pm

    Me da que tenemos telepatía o, como es más probable, que nos interesan cosas similares. Mañana aparece en mi blog un comentario que escribí el domingo sobre el particular.
    Salud

  3. Jovekovic permalink
    10 abril 2007 7:09 pm

    Muy cierto, pero que muy cierto. Alguien se ha pasado de listo, tres pueblos por lo menos.

  4. Rovi permalink
    10 abril 2007 10:00 pm

    Creo que no es nada de eso que ustedes sugieren. Se trata mas bien de que lo que a muchos gusta de la musica clasica no es la musica en si sino el ritual que la rodea: los vestidos elegantes, los “marcos incomparables”, la presencia de famosos y ricos … La misma musica sin todo eso, sin ritual, no vale un pimiento. Les sucede lo mismo a las peliculas de, por ejemplo, Woody Allen. Hay un determinado tipo de espectador que se pirra por verlas en el cine, acompañado de su pandilla intelectual y con cena posterior durante la que discutir la ultima pelicual del “maestro”. Esta misma pelicula, como corroboran los estudios de audiencia, la echan en la tele y no la ve nadie.

    Semos asin.

  5. 11 abril 2007 9:29 am

    Es cierto que a veces el escenario, el envase que rodea al acontecimiento lo es casi todo…
    Y bueno, la tontería humana no tiene límites. Totalmente de acuerdo con Rovi.

    Pasad buen día. Un beso

  6. 11 abril 2007 10:13 am

    ¿Que hay mucha tontería? De acuerdo, de qué si no tanta afición a la ópera que surgió en algún momento, o a los toros en otro, a al golf. Snobs hay, hubo y habrá toda la vida, pero, aparte, la sensibilidad existe, tampoco la cuestinaremos, sensibilidad al margen de lo comercial, de lo publicitado, de lo gravoso. Sientes que hay cosas que te llegan, que te embargan, te pueblan, te invaden, te trasladan, te sumergen … sientes.
    Y, sí, que acabo de leer a Pierre Miró “elpobrecitoveedor” y me encuentro que tú tocas el mismo palo.
    Besos y buen día PAQUITA

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