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Hojear, ojear; no es lo mismo

5 julio 2007

Fue en el Congreso de Zacatecas donde Gabriel García Márquez propuso renunciar a la ortografía provocando una gran controversia. En la ciudad mejicana mostró su disgusto por la letra hache, entre otras cuestiones ortográficas, por prestarse a confundir y complicar el lenguaje escrito. Naturalmente, el escritor colombiano, lo hizo a lo grande y como dijo alguien; “criticó la gramática con un discurso perfecto gramaticalmente”.

Aducen los detractores de la “h” que es una letra muda, que no sirve para nada, que no representa ningún sonido en nuestro idioma. Pudieran tener razón pero en Andalucía aún le damos cierto valor; acaso un cierto purismo llevó a escribir cante jondo por cante hondo y en esa controversia nos topamos con el cante hondo de Machado y el cante jondo de Lorca. En cualquier caso el cante hondo, escrito de cualquier forma, es ese que se hace con la hache aspirada, travestida de peculiar jota y que denota la profundidad de lo cantado, el sentimiento y la intensidad de lo auténtico. Esta utilización de la hache no es exclusiva nuestra, también se hace sonora para nombrar a ese aparato reproductor que llamamos “home cinema” o cuando aparentamos que somos más cosmopolitas que nadie cuando decimos “hobby” por afición, o cuando en el atlas localizamos Hong Kong.

Sus hostigadores afirman que se mantiene por estética, por motivos históricos o por un afán tradicionalista inútil. Y la realidad aparente parece darles la razón cuando la progresiva economía del lenguaje toma velocidad de vértigo, con los mensajes sms por ejemplo; la letra hache parece abocada entonces al desahucio definitivo, salvo para asumir ciertos anglicismos porque entonces parece no cuestionarse. Entiendo la sorpresa o el malestar por expresiones tan al uso en ese neografismo peculiar donde “salu2” es una despedida y las vocales desparecen por economía del lenguaje y para mayor  salud económica de las compañías de telefonía móvil.

En cualquier caso, la hache habría que reivindicarla porque bien podría representar esta letra callada, a los sin voz, a los marginados, a los excluidos, a los humildes; al hombre, a la humanidad. De haber sido considerada la provocación del Premio Nobel de Literatura nadie me hubiera reprochado que escribiera escrito “hojeo los periódicos atrasados”; nadie me hubiera conminado a suprimir la primera letra de ese “hojeo”. Y es que ojear y hojear perduran como verbos distintos, pese a la confusión que provoque en algunos y las dudas gramaticales en otros son verbos que sirven para acciones diferentes. Cuando entramos en una librería, por ejemplo y miramos los estantes, ojeamos pero si tomamos un ejemplar cualquiera y nos dedicáramos a pasar sus hojas, escribiríamos que estamos hojeando; como también se hojea al pasar las páginas de cualquier libro, periódico, revista o cuaderno leyendo deprisa algunos pasajes que así es como lo define la Real Academia de la Lengua.

En definitiva, y como evidencia de que no es lo mismo; cuando ojeo las imágenes del intento de agresión a Bono, de nada me vale hojear la primera sentencia judicial o la más reciente del Tribunal Constitucional, anulando la primera, para saber lo que vieron mis ojos. Dicho esto es de agradecer que el TC finalmente desbarate esa  peculiar persecución de los muy dignos, pacíficos y ejemplares militantes del Partido Popular.

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7 comentarios leave one →
  1. 5 julio 2007 11:18 pm

    Todavía recuerdo con ternura al zangolotino de Gabino Diego confesarle a su padre (José Sacristán), en El viaje a ninguna parte, de FFGómez, “padre, tengo un obi”. Así, sin hache y sin jota delante de la o.

  2. Júcaro permalink*
    6 julio 2007 12:36 pm

    En otra línea pero igualmente estúpida me pareció el titular de una otra joya de ese referente del bajo Guadalquivir. el señorito Antonio Burgos, cuando escribió: ¡Biba la hortografía!

  3. 6 julio 2007 7:36 pm

    Off Topic: Dejo linkeado este meme que supongo que te interesará. Saludos.

  4. 6 julio 2007 9:26 pm

    Y la de tiempo que se emplea en aprenderla…

    “Sí, un banco, pero de tiempo”.

    http://www.kroonos.com

  5. 8 julio 2007 1:32 pm

    Te agradezco esta entrada que sirve, entre otra cosas, para recordarnos la mucha importancia que tiene la ortografía dentro de la gramática, y máxime en una lengua como la nuestra, en la que un objeto, un concepto, puede recibir diversos sinónimos, al tiempo que una palabra puede referirse a diversos conceptos u objetos. La importancia se agranda por el hecho de que nuestro idioma es de los pocos que tiene la virtud de escribirse tal y como se escribe. Ha habido grandes intelectuales que han peleado contra aspectos de nuestra ortografía y fueron derrotados. Paradigmático es el insigne Juan Ramón Jiménez en su inútil pelea contra la “g” (en su sónido “j”)
    MENSAJERA DE LA ESTACIÓN TOTAL

    Todas las frutas eran de su cuerpo,
    las flores todas, de su alma.
    Y venía, y venía
    entre las hojas verdes, rojas, cobres,
    por los caminos todos
    de cuyo fin con árboles desnudos
    pasados en su fin a otro verdor,
    ella había salido
    y eran su casa llena natural.

    ¿Y a qué venía, a qué venía?
    Venía sólo a no acabar,
    a perseguir en sí toda la luz,
    a iluminar en sí toda la vida
    con forma verdadera y suficiente.

    Era lo elemental más apretado
    en redondez esbelta y elejida:
    agua y fuego con tierra y aire,
    cinta ideal de suma gracia,
    combinación y metamórfosis.

    Espejo de iris májico de sí,
    que viese lo de fuera desde fuera
    y desde dentro lo de dentro;
    la delicada y fuerte realidad
    de la imajen completa.
    Mensajera de la estación total,
    todo se hacía vista en ella.

    (Mensajera,
    ¡qué gloria ver para verse a sí mismo,
    en sí mismo,
    en uno mismo,
    en una misma,
    la gloria que proviene de nosotros!)

    Ella era esa gloria ¡y lo veía!
    Todo, volver a ella sola,
    solo, salir toda de ella.

    (Mensajera,
    tú existías. Y lo sabía yo.)

  6. 8 julio 2007 4:37 pm

    Muy buena entrada Júcaro. Tienes mucha razón, sin hache tanto daría saludar que dar la extremaunción. Pero no; tampoco es lo mismo holear que olear…

    ¡Un saludo!

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