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El líder que salió de una lata de conservas

11 septiembre 2007
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Siempre resulta recomendable tener alguna lata de conservas en la despensa. En ocasiones, el tiempo pasa deprisa y sorprende el apetito en cualquier tarea cotidiana; si hay pocas ganas de cocinar, la consabida lata de conservas sirve para salir del paso. Con ella no hay sorpresa, siempre las mismas cualidades, el mismo sabor; los mismo conservantes.

Algo parecido ocurre con Mariano Rajoy, nunca sorprende. Destapado el tarro de sus esencias siempre encontramos sus retahílas monótonas y reiterativas; al igual que las conservas, siempre con los mismo aditivos, siempre con el mismo sabor. Un bufón travestido de hombre de estado; un proyecto de líder envasado al vacío de sus ideas y enlatado con etiqueta azul, por supuesto. Fácil de destapar, con el sistema “abre fácil” o el abre latas de siempre, ahí está él, con facha de estadista culto y refinando. Y, sin embargo, se queda sólo en simple apariencia, que se descompone al abrirlo y quedar expuesto a la inevitable oxidación.

En ocasiones usa palabras que parecen acertadas y lógicas, pero suele ocurrir que las dice y desdice con tal ligereza que ya no puede engañar a nadie. Nos advirtió mil y una vez de que España se rompía; sin embargo nadie como él, sin olvidar a su promotor Aznar o sus voceros, ha hecho más por la fragmentación y el enfrentamiento de los españoles; nadie como él sabe que ese catastrofismo que nos anunció mil y una vez era falso como una moneda falsa. Hoy sabemos que ese es un augurio errado, como los hilillos de plastilina y otras catástrofes fallidas.

Suele pedir respeto y sin embargo, con su verbo florido, rancio, casi decimonónico, suele despreciar a los contrarios con insolencia descomunal y descortesía palmaria. Lo suele hacer con sus ocurrencias y chocarrerías de tal manera que parece fabricado para ejercer de gracioso sin saber que se queda en vulgar remedo de sí mismo.

En sus diatribas suele apelar a la razón, a la lógica, al sentido común, a “cualquier manera ordenada de proceder, incluido el perogrullo” y, en su soberbia infinita, aconseja a los demás que “antes de hacer nada se piensen las cosas y, cumplida la desagradable tarea de pensar, se trace un plan para disponer los medios y asegurar las ayudas”. Henchido de superioridad, se permite el desdén y la burla hasta que un día alguien lo coloca ante su propio espejo, no le gusta lo que ve y monta un numerito zaplanesco estilo Martínez-Pujalte para desviar la atención de su incapacidad manifiesta. Ahora apuesta por un Gobierno como Dios manda y algunos ya ven procesiones estilo el innombrable.

Nadie discute el valor de las conservas pero todos sabemos que, una vez abierto el envase, a su contenido se le precipita la fecha de caducidad.

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6 comentarios leave one →
  1. 11 septiembre 2007 12:51 am

    Genial.

  2. 11 septiembre 2007 9:40 am

    Genial… como siempre.

  3. 11 septiembre 2007 9:55 pm

    Genial artículo. A ver si esos que alaban a Rajoy como “gran orador” se dan cuenta, que como tú bien dices, su retórica está vacía. No sólo cuenta cómo se dicen las cosas, sino también lo que se dice…

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  3. Retrato de un líder difuso « 14 de abril

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