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Boris Vian: Escupiré sobre vuestra tumba

12 noviembre 2007

Al cabo de varios años lo retomé sin otro interés que el de hojear cualquier libro. No recordaba nada en especial de la primera lectura y si lo elegí, acaso fue por añoranza de aquella época en la que leía, de Boris Vian, todo cuanto caía en mis manos. Así pues, tomé el ejemplar con idea de releer unos párrafos mientras llegaba la hora de abordar cualquier tarea rutinaria. La tentación me venció y volví a leerlo de un tirón.

Es conocida la vinculación del vitalista, polifacético y surrealista Boris Vian con el jazz. “Sólo existen dos cosas: el amor en todas sus manifestaciones. con hermosas muchachas, y la música de Nueva Orleans o la de Duke Ellington. El resto debería desaparecer, porque el resto es feo …“, escribió en el prólogo a La espuma de los días. Y efectivamente, en sus obras se constata su interés por la música de Nueva Orleáns y Duke Ellington, por ejemplo; también su menosprecio por Gershwin. En otras palabras, ensalza la música negra y desprecia las influencias que de ésta reciben los blancos y, sobre todos, repudia a “los europeos emigrados” que son los mayores explotadores. Para ilustrar su aversión, uno de los protagonistas de la novela llega a retar a encontrar en Rapsodia en Azul “un pasaje original, que no haya sido copiado, plagiado o reproducido”.

Incluso en su forma de escribir pudiera encontrarse influencias jazzísticas. Boris Vian es un francés que, especialmente en este relato, escribe como un americano y que, como tantos otros europeos, descubre en el jazz la única expresión artística auténticamente americana. Porque son los europeos los que, en su admiración y casi devoción por el jazz, encumbran esta manifestación musical a la máxima expresión artística. Sus adeptos en América desde luego no pertenecían a la clase dominante; son los europeos quienes descubren los valores de culto en el jazz.

Pensar que Escupiré sobre vuestra tumba sólo es sexo, violencia y alcohol es quedarse en los aderezos de esta obra de tan controvertido autor. Todos estos elementos son parte del decorado. El verdadero interés, el eje central sobre el que se construye el argumento, con un trasfondo xenófobo, es el afán de venganza; resarcir la muerte del hermano.

La lectura de esta novela induce a pensar que el autor escribió con total libertad y espontaneidad, como si de hacer música de jazz se tratara. Todo, con excepción de esa constante fijación de venganza, parece ir surgiendo con naturalidad, sin estar sometido a ningún esquema preconcebido. Así, las relaciones sexuales de los protagonistas aparecen desprovistas de cualquier sentimiento amoroso, de pasión; el sexo se practica cuando se apetece; porque acaso no haya otra cosa mejor que hacer. Los protagonistas frecuentan un lugar casi secreto para, desnudos, tomar el sol, bañarse, tocar la guitarra y practicar el sexo cuantas veces les apetezca y con quien se tenga a mano, sin vínculos afectivo alguno.

El protagonista; un hombre negro con piel blanca, un precursor de Michael Jackson en la primera mitad del siglo XX. El hilo que cose toda la ficción, como ya se apuntó, es el sentimiento venganza y xenofobia: el hermano pequeño, asesinado por la familia de su novia blanca; su otro hermano, de piel oscura, que es perseguido y acosado precisamente por el color de su piel y él que, en su apariencia de hombre blanco, considera que es la persona más idónea para vengar la muerte de “el chico”. Pero la venganza no se ejecuta sobre las personas que mataron a su hermano, sino que para ello, se elige a dos jóvenes de clase social muy distinguida como encarnación de las peores virtudes de una sociedad blanca que hace de la acumulación de riqueza signo de distinción. Y esta revancha se ejecuta de una manera salvaje, cruda, violenta. La secuencia del asesinato es un festín de lujuria, ensañamiento; un borrachera de sangre y atrocidades. Con esta escena B. Vian nos escupe directamente para provocarnos.

En definitiva es la historia de una obsesión, pero también el retrato de una sociedad vacía, sin grandes proyectos ni ideales por los que luchar o comprometerse. Una sociedad que sólo se preocupa de pasar el tiempo de la mejor forma posible.

Existió Cortázar y Rayuela pero antes vivió, sonó y escribió B. Vian.

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