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Post a una futura maestra

1 febrero 2008

Hace unas semanas recibí un comentario que no me atreví a responder. Mala educación que tiene uno y peores hábitos blogueros. María Alonso, una estudiante de magisterio con blog, comentaba que lo escrito en El cuaderno escolar le podría servir para el futuro. Será que soy un blando pero encuentro respuestas que me siguen emocionando, que me animan a no desistir en el empeño. Por ello ni un día más sin agradecerle el comentario y sin dedicarle este post.

Quienes dicen saber de esto afirman que el profesor es el pilar fundamental para que el sistema educativo funcione. Si fuera cierto, y pienso que lo es, ya podrían estar mejor valorados, reconocidos y pagados. La de maestro, es una de esas profesiones que exige algo más que un certificado de capacitación.

Alguna vez, viendo el anuncio en el que se canturrea “esto no se hace, esto no se dice...”, imaginé a una maestra -aquí el genérico tendría que ser femenino-, tratando de impedir situaciones parecidas. Seguro que alguno reproducen en sus casas las escenas del anuncio e intenten repetirla en el aula. Cuando en casa mis hijos dan la murga más de lo deseable, compadezco a sus profesores. ¡Jóder, mira que tener que soportar a veinticinco hijos de sus respectivos padres y madres! Una veintena de alumnos; cada uno diferente, con distintos intereses y distintas formas de ser encauzados o descarrilados, vaya usted a ssaber. ¡Uf!, igual en determinados casos resulta una profesión de riesgo.

Si es cierto eso de que en la escuela hay tantos problemas de hábitos, de orden, de respeto al compañero, al profesor o al espacio público será porque en sus casas viven un ambiente que favorece o no corrige esas pautas. Así pues la primera labor del profesional de la enseñanza es hacer del aula un lugar donde la actividad docente pueda desarrollarse en condiciones aceptables. Y en ese ejercicio de dominio tienen que considerar distintos condicionantes: las propias del alumnado y de sus familias que muchas veces esperamos de la escuela el instrumento que supla nuestras incapacidades educadoras; también tiene que saber manejar los recursos educativos que le proporciona la administración y renovarse formándose permanentemente e incluso compartir una profesión con compañeros que acuden a su trabajo, a la escuela, como quien acude despachar piezas de pan.

Desde que tengo memoria he asistido al desprestigio de esta profesión. Del pasa más hambre que un maestro, al tienes más vacaciones que un maestro. Pocas veces se generaliza una expresión reconocedora de su tarea. Quizás la palabra maestro, pero incluso cuando la pronunciamos en sentido laudatorio nos referimos sobre todo a persona relevante en el campo de la música o de las artes en general. La misma clase docente contribuye un poco, en ocasiones un mucho, a esta percepción negativa. Cuando el alumnado llegan al Instituto con insuficiencias, es fácil descargar las causas en la Primaria desde un cierto despecho del licenciado hacia el diplomado. Algo parecido sucede cuando ese mismo alumno accede a la Universidad. En definitiva, se culpa al de abajo y al de arriba, al compañero de otros niveles educativos, a los alumnos, a sus familias y finalmente al propio sistema educativo al que suele convertirse en una especie de colchón sobre el que verter todas las justificaciones y también las frustraciones, sin percatarse que el maestro, el profesor, es parte de ese sistema educativo. Rara vez la critica se vierte sobre sí mimo, aunque siempre hay honrosas excepciones.

El contexto en el que desarrolla la actividad el enseñante es de permanente cambio. Eso mismo podría decirse de otras actividades laborales pero a la escuela llegan los niños expresando la realidad de un cambio permanente. El profesional de la educación no puede permanecer ajeno a esto y en su versatilidad para comprender, adaptarse y encauzar, está su capacidad para ejercer dignamente una profesión tan hermosa como escasamente valorada. Por ello, apreciada estudiante de magisterio, te estás preparando para una profesión compleja pero seguro que gratificante para quienes la ejercen con orgullo, honradez y profesionalidad.

Un vídeo y un post

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7 comentarios leave one →
  1. 1 febrero 2008 5:18 pm

    A mí, que soy hijo de maestra, me suena mucho esto que escribes y el tono en el que lo haces.

    Por cierto, respecto a la denominación del enseñante, recuerdo que cuando aquí ya eran profesores, pasaba algunos veranos en el pueblo, donde me llamaba la atención que seguían siendo maestros. Sólo eso, que entonces me llamaba la atención y me has hecho recordarlo.

    Saludos.

  2. David, el tertuliano permalink
    1 febrero 2008 6:03 pm

    Aparte de este estupendo homenaje a María (y, por supuesto, a la profesión de maestro), me ha gustado mucho el escrito “El cuaderno escolar”, que no había tenido oportunidad de leer antes.
    Para acabar, te dejo caer que tengo en mente dedicarme a esto de la enseñanza. Admiro mucho la profesión del profesor; sobretodo cómo la ejercitan ALGUNOS profesores (y cómo la ejercitaban los profesores en la II República, por ejemplo), porque te garantizo que podría contar casos verdaderamente escandalosos y otros brillantes. Y tengo la garantía de poder decir que en este mundo estoy bien metido.

    Saludos

  3. 2 febrero 2008 12:26 am

    Desgraciadamente, muy rara vez he tenido la ocasión de acercarme al colegio de mi hijo, pero tu apunte me ha recordado las risas que hice la primera vez que subí a la guardería y me encontré a unas chicas jovencísimas con unos quince niños ¡¡sentados!! alredor suyo y escuchando embelesados sus primeras lecciones de aprendizaje. ¡En mi casa eramos incapaces de conseguir que el mocoso se estuviera quieto más de diez minutos! Ahora ya va a cumplir cinco años y, cada vez que le dan vacaciones, trae a casa una carpeta con las labores que ha desarrollado en el trimestre. Es muy emocionante.
    Tanto su madre como yo estamos convencidos que debemos inculcar ciertas pautas y valores al niño. Querer descargar esa responsbilidad para dejarla en manos únicamente de profesinales de la enseñanza no nos parece adecuado. Tambien estamos de acuerdo en que el gremio merece un monumento, porque incluso de los malos profesores se puede aprender algo. Aunque solo sea el como no deben hacerse las cosas.

  4. 2 febrero 2008 10:15 am

    Jimmy Jazz; por acá se usa indistintamente lo de maestro o profesor para los docentes de Infantil y Primaria para quienes ejercen en Institutos, profesor.

    David; tienes un buen reto por delante, seguro que serás un docente de los que prestigien la profesión. Por cierto y como respuesta a otro post, colaboro en Ciberprensa desde hace un par de semanas.

    Picapiedra; solo se me ocurre comentarte que disfrutes de la edad de tu hijo. Es un periodo especialmente apasionante. Totalmente de acuerdo en lo que apuntas en el último párrafo.

  5. 2 febrero 2008 2:11 pm

    Yo también soy hijo de docente (en este caso profesor) como Jimmy Jazz y también me es muy familiar todo lo que cuentas. Y por la gran profesionalidad de mi padre, me he dado cuenta de lo difícil que es este oficio. Nunca estará suficientemente valorado que un profesor consiga enseñar algo de educación a los niños. Y hablo de educación, que no tiene porque ser lo mismo que conocimientos.

  6. 3 febrero 2008 4:22 am

    Uffffffffff, Júcaro, llego de una desconexión tabernera y me vuelvo a conectar, y, además, me pronuncio…

    Mi parte de aportar a nuestra sociedad es la de director-profesor, o la de profesor-director, o la de maestro-educador, o, lo que es mejor, la de quien está convencido de que construir es lo que hay que hacer, y que además hay que hacerlo de otra manera, ignorando destrucciones, críticas de todo tipo.

    Soy educador, y me importa diez millones de veces más que un alumno se comporte éticamente a que sepa de memoria la “Ética a Nicómaco” de Aristóteles.

    Eso, que parece tan evidente, lo perciben muchos docentes como “bajar el nivel”. Yo lo vivo como subir la EDUCACIÖN, que no tiene porqué ser lo mismo que los datos.

    Y me callo por no volver a decir, como ya he dicho en persona y en más de un blog, que, lamentándolo mucho, a mí, Juan José Muñoz Lorencio, el gremio docente, me produce auténtico asco, y soy profesor.

    En mi instituto, en las 3000 viviendas de Sevilla, una zona de delincuencia, droga y violencias de todo tipo, tenemos unos resultados objetivos mejores que en muchas zonas de Andalucía. ¿Motivo? Hemos pasado de la queja a la construcción, a hacer las cosas de otra manera, a cuestionarnos ¿Por qué la escuela no educa.

    Y nos va bien, mejor que en muchos sitios, y sólo se trata de olvidar la llantina, la queja, los balones fuera, y mirarnos sinceramente los docentes.

    Y de un contexto social que todas las administraciones han consentido, nos dedicamos a formar jóvenes que pueden competir con otros de zonas socialmente “mejores” en pruebas objetivas como Selectividad.

    Y además, y esto no me lo callo en ningún sitio, me produce repugnancia de todo tipo, indignación y auténtico asco intelectual-vital-sentimental-ideológico, que después de tantísimos años (demasiados para mi entender) de gobierno en nuestra comunidad autónoma, y varios años en nuestro ayuntamiento, un partido como el PSOE, que dicen que es socialista (no me lo creo ni de coña), haya consentido que en las Tres Mil Viviendas de Sevilla el socialismo NO EXISTA.

    Saludos, Júcaro, y gracias por ver que hay excepciones.

  7. 3 febrero 2008 11:43 am

    Juanjo; es un lujo que intervengas. De los comentaristas, es cierto que todos vinculados del alguna manera a la educación, ninguno lo hacía desde la perspectiva del docente en ejercicio. Es una suerte como digo que además quien participa sea alquien tan comprometido.

    Como padre pienso que una de las tareas fundamentales del sistema educativo es preparar al alumnado para la vida, para vivir en sociedad, para compartir espacio, saber adaptarse y si quieres sobrevivir.

    Lo que cuentas parece de cajón; lo de “bajar el nivel”, o subirlo es un recurso de impostor, suena a justificación más que a dedicación y compromiso. Suscribo cuanto escribes, incluido el último párrafo y sus negritas; me declaro socialista, socialista del PSOE para precisarlo más, y no puedo aceptar como válido que tantos años de poder no sean suficientes para convertir esos barrios, como el que mecionas, en zonas habitables. No es cuestión de callar porque se acerquen las elecciones, sino de exponerlo precisamente por ello.

    Espero que después de las desconexiones tabernarias lleguen las conexiones para actualizar tu blog.

    Un abrazo

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