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Trabajadores sin conciencia de clase

27 marzo 2008
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Mientras que la llamada izquierda necesita aferrarse a principios para la reconstrucción de su proyecto democrático, uno tiene la impresión, seguramente errónea, que la derecha política adolece de esa inquietud. Ellos parecen conformarse con la encomienda al dios mercado mientras se ejercitan en el golpe bajo y efectista; no tienen esa necesidad de buscar nuevas lecturas y cuando se lanzan a ello se quedan en FAES.

Existe una cierta izquierda que se quedó en la nostalgia del marxismo pero ya sabemos que no se dan las circunstancias. En ella abundan las adoratrices de iconos imposibles y absurdos que viven agarrados al pasado y desorientados en el presente. Ya no se puede seguir aferrado a la esperanza del compromiso de los trabajadores para emprender una auténtica transformación.

Nada más conservador, por irreal e ilusorio, que seguir confiando en una clase trabajadora que ya no existe tal y como fue concebida allá por el siglo XIX y buena parte del XX, cuando las fábricas eran un abuso constante y los trabajadores auténticos esclavos de sus necesidades y de las ambiciones del empresario. Hoy nosotros, humanizadas las condiciones de trabajo, nos entregamos al placer de la propiedad y al juego de la emulación: coche potente, adosado en las afueras o cerca de la playa, electrodomésticos y cachivaches de última generación así como un largo etcétera, hace que sigamos esclavizados por las necesidades que nos crea un sistema insaciable.

No podemos negar que nos hemos convertido en consumistas compulsivos en busca de la felicidad. Hemos puesto de moda una cierta adoración esquizoide al dinero para poder representar un hipotético triunfo personal y social que sabemos falsos, pero que nos sirve para el autoengaño y para la práctica de un exhibicionismo intrascendente y soez a costa de cargar, si es preciso, con el yugo de la hipoteca vitalicia.

Algo así, pero con mayor lucidez, escribió Koestler: “La adoración al proletariado parece a simple vista un fenómeno marxista; pero en realidad es una variedad de los cultos románticos del pastor, del campesino, del noble salvaje, que ya conoció el pasado”

Las clases sociales tradicionales ya no se corresponden con la realidad actual; el movimiento obrero se reduce a protestas puntuales ante situaciones muy concretas y específicas, Delphi por ejemplo. El inconformismo social, dormita a la espera de mejores días; ya no quedan revolucionarios, puede que algunos pocos rebeldes y perseguidores de sueños imposibles, poco más. Tampoco quedan intelectuales capaces de dar respuesta de elaborar ideología y, si quedan, ¿dónde están?

Aquí, nosotros los trabajadores, formamos parte de esa mayoría resignada y sometida a la presión de la propaganda para comprar más, para tener más, sin comprender que aquí siempre pagamos los trabajadores. El ejemplo de la crisis hipotecaria es palmario. Una serie de bancos entran en crisis y mientras a ellos se les inyecta dinero, al trabajador se le proporciona desempleo y pérdida del poder adquisitivo.

Por lo demás, seguimos, como siempre, en manos de esa minoría que controla el mando económico, político e informativo aunque en este terreno puede que la revolución llegue vía Internet.

Escrito tras la lectura del post de Jovekovic.

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8 comentarios leave one →
  1. 27 marzo 2008 1:35 pm

    Uf, Júcaro… qué depresión…

  2. David, el tertuliano permalink
    27 marzo 2008 5:43 pm

    Viendo los problemas del capitalismo feroz (la crisis que dicen es palpable hoy día, etc) y, lo más importante, su repercusión entre los trabajadores y ciudadanos de a pie, además de las lamentables “soluciones” que plantean tanto la corriente conservadora como la socialdemocracia, yo no soy tan pesimista respecto a la conciencia de los trabajadores y los cambios posibles.
    Me encanta la palabra revolución y no por ello me considero un nostálgico de tiempos pasados (que, al contrario de lo que diga la canción, cualquiera no fue mejor); seguramente alguien pensará que si no soy un nostálgico es por los años que me faltan para poder serlo, pero yo entonces le recordaré que la memoria también la proporcionan los libros, las revistas… y las escuchas.
    Dudo si tengo o no algo de esa “conciencia” que has mencionado, la que me pudiera corresponder, pero tengo claro que las cosas pueden ser más justas con cambios, siempre avanzando y siendo valientes. Seguro que muchos de ellos se pueden realizar desde el asiento de un Presidente del Gobierno occidental como Zapatero.

    Saludos, Júcaro

  3. David, el tertuliano permalink
    27 marzo 2008 5:48 pm

    Tengo que decirte que tu nostálgica entrada recuerda un poco a la canción “Papá cuéntame otra vez” de Ismael Serrano (como bien sabrás, él también llamaba la atención sobre la escasez de intelectuales como Jean Paul Sartre, la falta de revolucionarios como el Ché…).
    Hablando de canciones, me he dado cuenta de que he escrito, seguramente por la inercia del lenguaje, que “cualquier tiempo pasado fue mejor” corresponde a una canción. No estoy seguro si incluirían este verso en alguna partitura pero, por lo que sé es sólo eso, un verso.

  4. 27 marzo 2008 7:47 pm

    Acertado tu diagnóstico. Falta la receta terapeútica. O nos conformamos o reaccionamos. Pero, ¿cómo? Sólo conozco un modo. Apoyando las causas justas, luchando contra las desigualdades y abriendo cauces para que ciertos temas, olvidados voluntariamente, entren en la agenda política. Yo no veo la revolución por ningún sitio, sin embargo sí que creo que se puede hacer más, cambiar más.
    Todos podemos consumir menos, por ejemplo. Esa meta individual puede conseguirse. Y para otras, actuemos colectivamente.

    Salud y REpública

  5. Camarada Tersites permalink
    27 marzo 2008 9:52 pm

    Las clases sociales sí que existen como hace cien años.
    Los inmigrantes son la masa trabajadora, sin derechos políticos elementales y embrutecidos por el trabajo y la explotación. Están a merced de las mafias, de la policía y de los sindicatos, hipócritas, chivatos y partidarios de las fronteras.
    Los votantes de izquierda son una pandilla de niños pijos, que viven en la abundancia, pero que se atreven a reclamar para sí los recursos públicos que se niega a los pobres.
    Han creado un Estado del Bienestar solidario en el que chupa la clase media-alta, y se restringe la entrada de pobres, con la colaboración de los sindicatos.

  6. 27 marzo 2008 11:26 pm

    Maripuchi; la realidad, tal como la contemplo, es un poco frustrante.
    Cuando tenemos a nuestro alcance más medios para estar informados y para huir de la información única, lo cierto es que probablemente no estemos aprovechando todas nuestras posibilidades.

    David; no culpo al capitalismo, prefiero que el peso de la culpa caiga sobre nosotros por ser tan manipulables y tan inconscientemente felices, por conformarnos con unas cuantas migajas y por aspirar a vivir como lo que no somos.

    También me encanta la palabra revolución por lo que encierra pero sinceramente ¿piensas que estamos dispuestos a una revolución? La revolución que llegue nos la administrarán en pequeñas dosis y sin que nos demos cuenta.

    Por cierto esa expresión conservadora y reaccionaria de “cualquier tiempo pasado fue mejor”, no me gusta un pelo. Probablemente nunca se haya vivido mejor como ahora, seguro que nunca como ahora hubo tantas posibilidades y tantos derechos (educación, sanidad, libertades). Hay mucho por conseguir y todo por mejorar mi reflexión va en la línea de observar cómo en las formaciones de izquierda es necesario un reciclaje de principios, programas y acciones. Funcionamos con clisés de otros tiempos y hoy, los trabajadores, los ciudadanos que menos tienen, no digamos los que no tienen nada, nos conducimos por la vida con otras inercias y nuestras formaciones políticas o no lo perciben o no saben como hacer frente a una nueva realidad.

    RGAlmazán; no tengo otra receta que educación, cultura y reflexión. Si no es tiempos de grandes pensadores, solo nos queda esperar que una inmensa mayoría de ciudadanos encuentre aliciente y deseos por aprender y pensar.

  7. 28 marzo 2008 11:30 pm

    Jucaro, tienes razón, pero las coyunturas cambian y la historia está en constante movimiento. No creo en filosofías pasadas, pero si en la capacidad del hombre para seguir reflexionando sobre la sociedad y proponer nuevas ideas.

  8. 30 marzo 2008 1:42 pm

    Creo que es un análisis bastante acertado de la situación. Sin embargo, la clase trabajadora sigue existiendo aunque, como bien se apunta, de una forma más evolucionada en bienestar y derechos.
    Sean quizás esos logros los que han relajado la conciencia de clase y, por tanto, la necesidad de una revolución.

    Pero si amplíamos las fronteras de nuestro análisis y sobrepasamos los límites de este país podemos comprobar, en los territorios más deprimidos, que tampoco aparece esa conciencia social de la que hablamos. Es evidente, que dentro de esos países subdesarrollados, no se dan las premisas de comodidad y consumismo y, sin embargo, la chispa revolucionaria, es apenas visible. Creo incluso que los movimimientos sociales están más espoleados por razones de tipo étnico que por motivos económicos aunque también. (Sudamérica, Africa).

    A nuestro juicio, en este mundo globalizado, el sistema capitalista se autoprotege creando una especie de pirámide social integrada, en vez de por personas, por países. Las grandes masas sociales de los países de la cúspide están engullidos por las ruedas dentadas de un sistema que les reparte, como pan a las palomas, pequeñas parcelas de libertad y bienestar para aplacar su necesidad de mejorar.

    Sin duda, la gran baza del sistema para conseguir mantener las cosas medianamente controladas, aparte de las ya mencionadas migajas de bienestar, se refiere a la sustitución de una mentalidad revolucionaria y librepensadora por una cultura idiotizada y simplista. En ello, los medios de comunicación tradicionales son la piedra angular usada para tal fin.

    Partiendo de tal premisa, podemos suponer que una de las formas de romper este hechizo puede ser la contrainformación de la que entiendo formamos parte. En dicho proceso, Internet es la pieza clave pues, de momento, la difusión de ideas por la red significa un punto negro en el modelo cultural occidental al uso.

    Salúos.

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