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El País, imparable

1 mayo 2008

Mientras las redes sociales y blogs reinan en Internet, en el quiosco nacional, el periodismo impreso goza de buena salud acercándose a los 16 millones de lectores y El País se supera así mismo, como líder indiscutible de la prensa de información general de pago, según los datos para el último año del Estudio General de Medios.

Larra, se refirió a los periódicos como “archivo del conocimiento humano“, y aunque habría que matizar al respecto, lo cierto es que la información que suministran resulta de interés por mucho que nos hagan dudar de su fiabilidad e intenciones. En su conjunto, la prensa se erige en una especie de notario de la actualidad a la vez que desempeña un papel transformador al suministrar información, provocar debates o ejercer un cierto control sobre los poderes cuando ejercen el periodismo con profesionalidad, rigor, dignidad y solvencia en un régimen de libertades.

Crecí políticamente con El País bajo el brazo, con el ABC como contraste y Diario de Cádiz para leer sobre lo más cercano. Entre las páginas de El País disfruté leyendo a un niño republicano conocido como Eduardo Haro Tecglen, a un escritor con señas de identidad propias como Juan Goytisolo; descubrí con este periódico la sabiduría de José Luis Aranguren, el conocimiento proteccionista de Joaquín Araujo, el pensamiento inteligente de Fernando Savater, los análisis siempre interesantes de Alain Touraine y José Vidal-Beneyto o la escritura de García Márquez, Luis García Montero y Antonio Muñoz Molina entre otros muchos de una lista interminable de colaboradores fijos o esporádicos. Para mí, El País va ligado a la consolidación de la democracia; por ello, no termino de comprender las reacciones que provoca, en determinados medios periodísticos y círculos sociales. Hay espacios en donde nombrar a Polanco, es lo que citar al mismísimo diablo en una reunión de beatas y leer El País señal inequívoca de rojo y sociata.

Cuando la Historia, así con mayúsculas, escriba sobre los medios de comunicación en el último tercio del siglo XX y los primeros años del XXI, resaltarán la relevancia de este gran periódico. Solo desde la obcecación producida por una sobredosis de copeina o predrojetina, se puede mantener el discurso obsesivo contra un grupo editorial con el que se puede coincidir o discrepar pero al que, en cualquier caso, no se le puede negar su contribución a la consolidación de la democracia. Es cierto que los medios de Prisa no han sido los únicos en este fortalecimiento pero tanto El País como la Ser han representado y representan un papel destacado en la creación de una opinión pública mejor informada.

Hay quienes, usando la etiqueta de liberales, preferirían un panorama mediático sin El País. John Stuar Mill, economista y filósofo liberal, escribió “Si toda la humanidad, menos una persona, fuera de una misma opinión, y esta persona fuera de opinión contraria, la humanidad sería tan injusta impidiendo que hablase como ella misma lo sería si teniendo poder bastante impidiera que hablara la humanidad“. Un gobierno, que se proclama liberal, como el de la Comunidad Autónoma de Madrid, el de Valencia o Murcia no puede proceder beneficiando a sus amigos teledigitales. Algunos autodenominados liberales serían felices reduciendo el panorama periodístico de tirada nacional al ABC, El Mundo y La Razón.

Sus detractores le acusan de ser el periódico del PSOE, de editorializar al dictado de Ferraz o de ser un medio partidista, del PSOE. Nada más lejos de la realidad, salvo que lo reduzcamos todo a un simplismo absurdo. Ocurre que la linea editorial del periódico está muy próxima ideológicamente al PSOE, de la misma manera que ABC, el periódico monárquico y conservador, se sitúa en los aledaños del Partido Popular. Ni El País, ni ABC, se publican al dictado de Ferraz o Génova. Los lectores del El País lo sabemos bien. La imagen que ilustra este post es una portada poco complaciente con los socialistas: la noticia principal es contundente y la fotografía de la soledad de Zapatero frente a la compañía de Bush, en un espacio preferente de esta portada, demuestra la diferencia entre un medio independiente y uno de partido.

Los lectores habituales de este periódico lo sabemos bien desde hace tiempo. Cuando el GAL, aunque muchos quieran reinventar la historia, el primer periódico que denunció la más triste lucha contra el terrorismo fue El País. La hemeroteca permite recordar la demanda interpuesta por el entonces Ministro de Interior, José Barrionuevo, como respuesta a las informaciones publicadas por este rotativo sobre el asesinato del líder nacionalista vasco Santiago Brouard. La respuesta del periódico en una editorial titulada El honor de Barrionuevo, y la propia demanda, evidencian que El País no procedió como un periódico de partido.

Pero sin irnos tan lejos en el tiempo, en este último año electoral, nosotros los lectores podemos subir varapalos editoriales, noticias, artículos demoledores y criticas contundentes que nada tienen que ver con la que publicaría un periódico de partido.

Claro que nada de esto es relevante para quienes piensan que El País es la correa de transmisión periodística del PSOE. Están convencidos de que eso así, sin más; las explicaciones y argumentos que se puedan esgrimir en sentido contrario, ganas de jugar a confundir y de gastar pólvora en salvas.

Esta entrada es una actualización de la publicada en Ciberprensa recientemente.
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3 comentarios leave one →
  1. 1 mayo 2008 11:53 am

    Desde la extraordinaria cobertura del 11M, mi aprecio por este grupo de medios está en un pedestal. Creo que sólo podría bajarlo de él una lucha a navajazos por el tema de la “guerra del fútbol”.
    Hasta entonces (si es que ese entonces se produce, que espero que no) seguirá siendo mi periódico de referencia.

  2. Alfa79 permalink
    1 mayo 2008 5:52 pm

    Haces una exposición muy clara y perfectamente especificada respecto al periódico español más importante de los últimos 30 años. “El País” es algo más que un periódico, que una referencia: es un lugar de aprendizaje, de libertad de opinión y de pensamiento. Los artículos de Millás (los viernes), de Vicent, Rosa Montero, Javier Pradera, Soledad Gallego, Manuel Ribas, etc…. ¡ sensacionales !

    No obstante, no quiero dejar pasar también un reconocimiento a otros medios de comunicación que -sin duda- ayudaron y ayudan a que todos seamos más libres y más respetuosos con la democracia (y que cada uno/a piense en el periódico o medio que le venga en mente).
    Yo aquí, y para mojarme, recordaría aquel “El Mundo” del año 89, lleno de voluntad, de libertad, de plumas y personas ejemplares (Forges, Rafael Torres, Javier Ortiz…) y que por motivos -de todos conocidos- cambió radicalmente en 1996…
    Por eso, su segundo puesto en el ranking será eterno.

    Un saludo afectuoso. Alfa79

  3. 2 mayo 2008 5:17 am

    Se puede matizar hasta la infinidad – y con razón incluso. Pero que no quepe la menor duda de la gran valía de El País; se ha ganado mi consideración como parte del precioso patrimonio colectivo que, desde la entrada definitiva entre los países civilizados a partir de finales de los 70, entre todos construimos. Y lo mejor de todo es que no ceja en su empeño por seguir por ese camino, que tanto queda por hacer…

    Sin duda, El País sigue con nosotros, imparable. Eso sí – sin olvidar los rotativos que se quedaron en el camino, y no por falta de ambición o potencial. También por ello, me reconozco en el comentario de Alfa79: es una pena que a una magnífica iniciativa se le quebró el alma, por aquel mal tan ancestral como anacrónico: el de considerar y maltratar un proyecto determinado “en peligro de éxito” como una suerte de juguete personal, en lugar de una empresa colectiva, con proyección más allá del estrecho ego y su encorsetada idiosincrasia.

    Afortunadamente, El País demuestra cada día ser mucho más que aquel binomio inicial mágico, de Polanco y Cebrían. Ya es un proyecto de toda la empresa, de todos sus trabajadores, de toda su audiencia. Es una de mis ventanas al mundo más preferidas.

    Y eso, sin caer en el mal opuesto – la admiración o adhesión ciega – ya que entre todos mejoramos; esperemos que ese afán sea imparable, también. Curioso, pero viviendo en el exterior como hace un servidor, y tras haberme acostumbrado a la tradición de periódicos de referencia en varios países, El País es más que una referencia, un entrañable amigo y grato compañero de viaje.

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