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Improvisación en el jazz según Keith Jarrett

31 mayo 2008

Dicen que el músico expresa su propia personalidad en sus composiciones. Que en sus interpretaciones deja señales suficientes de su personalidad y estado de ánimo. Con Keith Jarrett aprendí a gozar del jazz; su música, me hizo accesible la que hasta entonces se me mostraba compleja y caótica. Dicho esto, siempre pensé que este enorme músico era un tanto egocéntrico. Dicen que el escritor, al igual que el músico, deja en sus textos apuntes más o menos nítidos de su personalidad, que al escribir (eres lo que escribes, eres como escribes), quien lo hace, se retrata en la grafía, en las palabras que selecciona y en las frases que construye y dicen que unos perfilan su autorretrato con mayor nitidez que otros. Keith Jarrett pertenece a ese grupo que expresa rasgos de su personalidad con perfiles bien definidos. Lo hace cuando toca el piano y cuando escribe. Así puede deducirse al leer este extracto de Tocando el horizonte. La música de ECM, que me remiten los amigos de TomaJazz. Si en su música se mira para adentro, se siente en cada nota, se busca y recrea en cada interpretación; algo parecido pero con menos brillantez hace cuando se expresa por escrito.

Para muchos, Keith Jarrett, tiene la consideración de un gran improvisador; en cualquier caso, un excelente pianista que parece mirarse para adentro en cada pieza que interpreta. Su postura física ante el piano, que por momentos recuerda a la de Bill Evans, es elocuente al respecto; suele recogerse sobre sí mismo para formar una pieza única, para confundirse con el instrumento pero también se levanta, gesticula, emite sonidos y nunca deja de interpretar una partitura corporal que parece querer ganar protagonismo al sonido que arranca del propio piano, en ocasiones parece escenificar una especie de combate entre el ejército de teclas y cuerdas y él mismo.

En cualquier caso, si alguien no fuera capaz de soportar tanto protagonismo egocéntrico de este magnífico pianista, aquí dejo el primer párrafo del artículo sobre la improvisación en el jazz, obviamente escrito en primera persona, así como el texto completo. En definitiva, un pianista de categoría con un ego monumental:

Hace más de tres décadas, a mediados y a finales de los años sesenta, Miles Davis solía aparecer por los clubes en los que actuaba con mi trío, ya fuera en París o en Nueva York. Parecía sentir curiosidad por algo. En cierta ocasión, fue con su quinteto a un minúsculo club de la orilla izquierda de París llamado Le Camilion, con capacidad para unos diez espectadores, para ver a mi trío, formado por aquel entonces por Aldo Romano a la batería y J. F. Jenny-Clark al contrabajo. El club estaba en el sótano de un pequeño bar que, sin embargo, era mayor que la estancia donde actuábamos. El local tenía un piano de pared espantoso, y a menudo nos dedicábamos a experimentar con la “improvisación libre”(a veces, el pésimo estado del piano era de gran ayuda para tocar esa música). Mi trío estadounidense, formado por Charlie Haden y Paul Motian, trabajaba constantemente en el terreno de la “improvisación libre”, aunque esta faceta no haya quedado adecuadamente recogida en las grabaciones que hicimos. Miles también vio actuar varias veces a esta formación en diferentes clubes. Los años sesenta fueron una época importante para el free. Ornette Coleman y Don Cherry habían despuntado a finales de los años cincuenta junto con Paul Bley, Jimmy Giuffre y, más tarde, toda la corriente “vanguardista”. Algunos de esos músicos ni siquiera sabían tocar, pero aquello no tenía demasiada importancia, y de ellos aprendí unas cuantas cosas en términos de tiempo y espacio. Ornette había partido de la complejidad cada vez mayor característica del período posterior al bebop para abrir nuevos caminos, y los músicos jóvenes se atrevían con todo. Fueron años de una gran vitalidad. Después de un pase especialmente free en Le Camilion, Miles me hizo un gesto para que me acercara a su mesa (creo recordar que nadie bebía nada) y me preguntó: “¿Cómo lo haces?”. “¿El qué?”, respondí. “Tocar a partir de la nada”, comentó. “No lo sé —le dije—. Lo hago. Ya está”. Miles estaba anonadado ante aquella presunta facilidad mía para crear en tiempo real, sin un material previo. Sin embargo, y a pesar de que había escuchado mucha improvisación libre en el pasado, creo que advertía en mi manera de tocar una mezcla única de improvisación libre y de composición espontánea, una combinación que acabaría copando mi vertiente profesional, sobre todo en los conciertos en solitario.

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10 comentarios leave one →
  1. 1 junio 2008 1:21 am

    Júcaro, interesante artículo, que sin duda abre el juego para un jugoso debate.
    Ahora, algo que no puedo creer es esa “conocida anécdota”, en la que Miles le pide “lecciones” de improvisación a Keith Jarrett.
    La improvisación, y esencialmente la libertad, son elementos indispensables desde los comienzos del jazz, algunos con más, otros con menos, pero en eso Miles era un maestro.
    Tanto en sus discos de fines de los cincuenta, como en los sesenta, y por supuesto con total descaro en su “etapa eléctrica”, partía de elementos mínimos, a veces eran unos compases, o tal vez una idea rítimica, claro, no sólo estaba su talento, interesante sería repasar quienes eran los que lo acompañaban en esas “aventuras”…
    Un abrazo,

    Federico

  2. santi permalink
    1 junio 2008 11:44 am

    Me gusta más Bill Evans. Será porque lo he escuchado más. Y Peterson y Monk y, claro, Chano Domínguez. Tendré que escuchar más a Jarret. saludos.

  3. Júcaro permalink*
    1 junio 2008 8:20 pm

    Federico; efectivamente la anécdota cuesta trabajo creerla. Imaginar a Miles Davis persiguiendo a Jarret allá por donde actuaba y además hacerlo en compañía de su grupo, resulta sospechoso. En cualquier caso de ser cierta, quien me resulta más entrañable entonces sería Davis y su afán por conocer lo que otros hacían. Sobre la improvisación en el jazz, como en otras músicas, es común confundirla con las variaciones, con las interpretaciones libres que se hacen, pero eso es otra cosa.

    Santi; Evans es enorme. Maestro de maestros incluido Jarret que tiene mucho de él aunque lo niegue siempre que tiene ocasión. Escúchalo, si te gusta Oscar Peterson y B. Evans, seguro que Jarret también te gustará.

  4. 1 junio 2008 9:12 pm

    Júcaro:
    Lo que si cuenta Miles, en su autobiografía, es que entre otras cosas algo aprendió escuchando y observando a Ornette Coleman, y en ese libro pueden encontrarse muchos datos sobre a los músicos que Miles realemente respetó durante toda su vida.
    Saludos,

    Federico

    “Miles: La Autobiografía”, por Miles Davis y Quincy Troupe, Ediciones B, Colección Primer Plano, 1991.

  5. 1 junio 2008 9:13 pm

    “encontrarse muchos datos sobre los músicos a los que Miles realmente respetó”

  6. Júcaro permalink*
    1 junio 2008 10:44 pm

    Federico, además de lo que apuntas hay algo que puede disipar dudas. Todos conocemos que en el jazz las colaboraciones entre los músicos son muy frecuentes y siendo cierto que al principio de los setenta, ambos músicos colaboraron en alguna actuación, ignoro si en algún disco, de ser cierta ese interés por la música de Jarret seguro que éste se hubiera plasmado en algún que otro disco. Davis sabemos que supo rodearse de grandes pianistas como: Bill Evans, Wynton Kelly, Red Garland, T. Monk, Tommy Flanagan, Horace Silver, Herbie Hancock entre otros.

  7. 2 junio 2008 5:11 pm

    Júcaro, en realidad Miles y Ornette nunca tocaron juntos, al menos no que yo lo sepa, si Miles reocnocío en su momento que habñia algunos elementos que estaba utilizando Ornette que le llamaron la atención, y el los incorporó a su propio estilo, nunca hablamos de copia aquí.
    Keith Jarrett aparece en la etapa del “Miles eléctrico”, y como el mismo Keith confesó, no se sentía muy cómodo tocando el piano eléctrico, en esa misma época había otros pianistas que rotaban en la banda, creo que el más estable fue Joe Zawinul, al que Miles había escuchado con Julian “Cannonball” Adderley, y también apareció en aquellos días Chick Corea en algunos de los discos.
    Un abrazo,

    Federico

  8. Júcaro permalink*
    2 junio 2008 9:33 pm

    Federico, eres una enciclopedia. Yo en mi ignorancia confundí George con Ornette y entonces mi argumento no vale un pimiento.
    Por cierto encontré un nuevo, muy nuevo, blog de jazz. Si te interesa pasa por Easy does it. Tiene muy buena pinta y su autor, una garantía.

    Un abrazo

  9. 2 junio 2008 10:03 pm

    Júcaro:
    Maravilloso músico el buen George Coleman, esencial en ese bello disco, casi tan olvidado como el pobre George, llamado “Seven steps to heaven” (Miles Davis, Columbia, 1963).
    Ya tomé buena nota del sitio que estás recomendando, muchas gracias.
    Un abrazo,

    Federico

  10. mertin permalink
    17 febrero 2011 10:59 pm

    Muy bueno el texto de Jarrett, aunque egocéntrico como siempre, no puede evitarlo. Igual Miles siempre buscó rodearse de talentos jóvenes y nunca ocultó su admiración por un músico cuando éste le gustaba, así que la anécdota probablemente sea cierta

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