Skip to content

Malos tiempos para la épica

14 agosto 2008

Hace unos años Golpes Bajos cantaba aquello de malos tiempos para la lírica, canción de magnífico título que manosearon tertulianos, columnistas y demás vividores de las ocurrencias y fraseologías. En la actualidad sería más apropiado cantar algo así como malos tiempos para la épica porque, muchos de los que hoy son reconocidos como héroes, son personajes con un engranaje publicitario detrás despampanante que eclipsan a los auténticos héroes de cada día.

Este agosto pareciera que es un mes de héroes porque los laureles son para los deportistas vencedores. Si resultan triunfadores, al regreso de sus grandes gestas, serán recibidos por el Rey (la monarquía tiene que justificar una agenda) y el Presidente del Gobierno, además del alcalde o alcaldesa de turno y las presidencias de la comunidad de vecinos o de la autonomía correspondiente; coparán portadas de periódicos y espacios en las webs, radios y televisiones. Alguien, a parte de vender optimismo y hacer negocio, debería explicar las consecuencias prácticas de las hazañas de estos héroes y las consecuencias benéficas de sus gestas para una sociedad que se les entrega apasionadamente. Si por hacer 100 metros más rápido que el resto o meter más balones que los otros equipos, merecen tanta consideración y reconocimiento, igual tenemos que hacernos mirar nuestra colectiva salud mental. Si como colectivo no avanzamos con las proezas de estos semidioses y si además contribuimos a la gestación o contemplación estéril y pasiva de una mitomanía irracional sería necesario que alguien encontrara sentido a este despropósito. Siempre resulta gratificante contemplar un buen espectáculo deportivo pero de eso, al encumbramiento fanático y excesivo hay un trecho que debería hacernos pensar.

Lo que necesitamos de verdad, lo que sí nos dignifica como sociedad, es ese colectivo de héroes anónimos y cotidianos que existen, que están entre nosotros pero no salen en los medios. Y que para cuando se convierten en noticia es por una fatalidad. ¿Quién recuerda al estudiante valenciano que murió al defender a una mujer agredida por su novio?, ¿quién recordará en unas semanas a Jesús Neira? Ellos, son conocidos porque se toparon con unas malas bestias pero como estos dos cuidadanos, andan entre nosotros infinidad de mujeres y hombres que sí son auténticos héroes que por bandera llevan algo tan poco apasionante como la honradez, la dignidad, el arrojo o la solidaridad. La ministra Aído afirmó, no sin razón, que: “Jesús Neira no sólo defendió a una mujer maltratada, defendió también nuestra dignidad como sociedad”. Estoy de acuerdo con ella, y por cierto, ¿qué dignidad o valores, salvo los propios, defienden estos ídolos que ahora encumbramos?

Debe ser que estamos entregados al oropel y a las fanfarrias, que igual perdimos la memoria colectiva y los valores coticen a la baja, que estamos entregados a la ceremonia de la cesión permanente de nuestros derechos ciudadanos, que nos rendimos definitivamente a lo políticamente correcto y aceptemos, por ejemplo, una contención salarial con tal de salvar al señor IPC pero somos incapaces de exigir control sobre los beneficios de las grandes corporaciones empresariales y bancarias. Parece que la sensatez y el sendito común, si lo tuvimos un día, lo dejamos olvidado y no sabemos cómo recuperarlos.

Si los personajes de las epopeyas de este siglo son estos laureados de hoy, definitivamente habría que volver a cantar aquello de: malos tiempos para la lírica.

Anuncios
6 comentarios leave one →
  1. 14 agosto 2008 3:55 pm

    Otro ejemplo de “héroe doméstico” es el nigeriano que devolvió una cartera que contenía nada menos que 2700 euros y luego volvió a vender pañuelos al semáforo. Para que luego digan algunos que los inmigrantes generan inseguridad…
    En cuanto a los héroes de papel de los que hablas, yo distinguiría entre deportistas y competidores. Me explico: la superación personal y el esfuerzo continuo de deportistas que entrenan miles de horas para cumplir su sueño de llegar a las Olimpiadas merecen la mayor de mis admiraciones y creo que representan una imagen que debe ser difundida. En cambio, cuando su única obsesión es ganar bajo la ley del mínimo esfuerzo, entonces no hablamos de deporte.

  2. Júcaro permalink*
    14 agosto 2008 6:04 pm

    Rave, aunque pudiera dar esa impresión me gusta el deporte, lo he practicado y lo sigo como aficionado. Lo escribí en este post: “siempre resulta gratificante contemplar un buen espectáculo deportivo pero de eso, al encumbramiento fanático y excesivo hay un trecho que debería hacernos pensar”.

    Ésas son mis objeciones junto a la utilización nacionalista que del deporte se hace cuando los resultados son positivos. En la Eurocopa de fútbol, disfruté con al selección española pero no porque fuera española sino porque practicó un buen fútbol, alegre y vistoso.

    Tratar como héroes nacionales a unos deportistas sé que es frecuente y que esta misma consideración se les otorga en otros países pero es algo que entiendo sobrevalorado quizá porque existan muchos intereses a su sombra.

    Héroes cotidianos hay muchos, el que citas y que enlacé con honradez el profesor de ciertas escuelas e institutos, el concejal que no sale en los medios pero que se juega la vida por ser concejal, el señor que rescató de las aguas a un niño que se ahogaba mientras el resto no supimos reaccionar. En fin, por fortuna un buen número de personas que hacen tantos méritos o más que estos que reciben todos los honores.

    Un abrazo.

  3. santi permalink
    14 agosto 2008 10:46 pm

    Interesante y sugerente reflexión, Júcaro. Tengo la impresión de que los héroes anónimos nunca quisieron ser héroes, sino que actuaron por convicción, por creer en unos valores que dan forma a la sociedad y que hay que defenderlos no sólo de palabra. saludos.

  4. Júcaro permalink*
    15 agosto 2008 9:07 am

    Santi, totalmente de cuerdo con tu apreciación porque precisamente en ese no pretenderlo y actuar como lo hacen, estriba su heroicidad. De querer ser héroe; quien devuelve una cartera encontrada, quien arriesga su vida para salvar a un desconocido o quien se entrega a los demás de mil maneras distaintas, antes de hacer lo que hacen llamaria la atención sobre sus propósitos.

    Saludos

  5. 18 agosto 2008 12:23 pm

    En el mundo hay mucha gente cojonuda y mucha gente despreciable; quizás el mismo número de una que de otra, y en las distintas escalas sociales y económicas… Lo difícil es poder elegir la compañía de los buenos, porque los malos están ahí y vivir en sociedad implica tener que soportarlos.

  6. Júcaro permalink*
    19 agosto 2008 8:12 am

    Franesco, claro que hay gente estupenda incluso afirmaría que son más la buena gente que la gente despreciable aunque se hable más de estas últimas que de las primeras.

    En el post intentaba resaltar ese enorme ejército de buena gente que son tan o más héroes que los laureados de estos día pero que nos dejamos llevar por quienes marcan la pauta y por lo que decidan los medios de comunicación; si hay juegos olímpicos, hasta la halterofolia obtiene enorme indice de audiencia.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: