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Genética para la vida

17 octubre 2008

En Sevilla tuvo que ser donde naciera el primer bebé tratado genéticamente. Un niño con algo más que un pan bajo el brazo. El mismo cordón umbilical que le unió a su madre puede ser el que una a la vida al hermano que padece una anemia congénita severa. Como los milagros no existen, esté niño tuvo que nacer necesariamente en un hospital publico del Sistema Andaluz de Salud porque éste, en la Unidad de Genética, Reproducción y Medicina Fetal de un hospital sevillano, puso en práctica una técnica de selección de embriones.

La Junta de Andalucía apostó desde hace años por la investigación biomédica y el Banco Andaluz de Salud es su buque insignia en este terreno. Si otras comunidades optan por la privatización de sus sistemas sanitarios no parece mala opción la de fortalecer el sistema público sanitario andaluz con un proyecto investigador de primer nivel. Tampoco estaría mal que se mejorara todo lo referente a la atención sanitaria pero es muy de agradecer que estos conocimientos se pongan a disposición de los ciudadanos sin que éstos tengan que costearse unos tratamientos costosos e inaccesibles para la mayoría de los bolsillos.

Como la ciencia se basa en hechos y datos objetivos y las creencias se fundamentan en principios de fe y en misterios inexplicables, el encontronazo con los fundamentalistas de la fe está garantizado. Ocurrió siempre lo mismo; Galileo o Servet, por ejemplo, fueron incomprendidos y condenados. Cuando se aprobó en 2006 la Ley sobre técnicas de reproducción humana asistida, la Conferencia Episcopal se opuso radicalmente y la consideró una ley gravemente perniciosa. Sin embargo, Andalucía se colocó frente a las reacciones catastróficas e infernales desde la jerarquía eclesiástica y frente al fanatismo de los sectores más cavernarios de la sociedad. Ahora, Andalucía protagoniza otro un hito en la sanidad española después de ser la primera en recoger el Diagnóstico Genético Preimplantatorio como un derecho incluido en la cartera de servicios de la sanidad pública. El avance en la investigación parece imparable y acontecimientos como el que ahora conocemos debe suponer un punto de inflexión pese a la reacción desaforada de supuestos defensores de la vida.

Dicho esto, se producen declaraciones que no deben pasar desapercibidas. Es cierto que no aportan nada novedoso y que son la misma jaculatoria integrista de siempre, pero nuestro silencio no puede parecer como cómplice. El nacimiento al que nos referimos, el de un niño para salvar la vida de otro niño, de producirse casualmente sería considerado como milagro y prueba inequívoca de la grandeza de algún dios cualquiera. Pero si ese nacimiento está ayudado por la ciencia, será observado como una amenaza, como un acto que denigra al ser humano. Los argumentos esgrimidos para oponerse a la investigación genética no se fundamentan en hechos contrastables sino ideológicos, en supuestos falsos que además, conscientes de su falsedad, son presentados envuelto en mentiras. No es de recibo la utilización del lenguaje de manera irresponsable y perversa para afirmar que estas técnicas suponen costes de vidas o que la Conferencia Episcopal también hable de bebé medicamento o del deseo de curar a los enfermos pero sin eliminar a nadie. Ocurre que este nacimiento es la consecuencia no solo del amor de una pareja hacia su hijo enfermo, sino que también es producto de la ciencia, del conocimiento y la investigación, y precisamente por ello algunos deciden demonizarlo como un acto que denigra al ser humano.

Con una insolencia y arrogancia hay sectores que para referirse a Javier, que es el nombre de este niño, lo hacen con la muy humanitaria expresión de niño medicamento. o hablan, por boca del Presidente de la Fundación Vida, de que Javier fue seleccionado como ganado. Se me agolpan tantos adjetivos para calificar a estos integristas que no pondré ninguno.

También escribió sobre el tema Amaia Aparicio.

Actualización para añadir a otros que también escribieron: Ruth Carrasco, jecalorena, Blanca, Cristina González, tunturi, Jose Carlos, Ramón Cotarelo, Maripuchi y Rafael Marín

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7 comentarios leave one →
  1. 17 octubre 2008 9:58 am

    También hay fanáticos que permitirían morir a un hijo antes que transfundirle… los hay que se inmolan en el nombre de su dios… hay de todo en la vida…
    Es una excelente noticia y es bienvenida… La curación de tantas cosas está ya mucho más cerca…
    Besos

  2. 17 octubre 2008 10:57 am

    Esto es un hecho de unas grandísimas dimensiones, y del que tenemos que enorgullecernos todos (todos) los andaluces.

    Del elemento “ese” que dice representar a la Fundación ¿ Vida ? pues, sólo diré que, acaba de definirse a sí mismo.

    Saludos. Alfa79

  3. Júcaro permalink*
    17 octubre 2008 2:50 pm

    Maripuchi, efectivamente hay integrista de distintos pelajes. Por otra parte es una excelente noticia y mejor que ésta esté protagonizada por la sanidad publica.

  4. Júcaro permalink*
    17 octubre 2008 3:28 pm

    Alfa79; si tantas veces afeamos a nuestro políticos sus miserias, cuando la apuesta es firme y decidida en el avance de la ciencia al servicio de todos los ciudadanos, es de recibo reconocerlo. Lo del Presidente de la Fundación Vida merece la misma opinión que la Conferencia Episcopal. (Acabo de actualizar la entrada para insertar la nota de prensa de la Conferencia Episcopal).

    Saludos

  5. 17 octubre 2008 8:56 pm

    Para las iglesias (¿todas?), el valle de lágrimas (cuánto más dolor, mejor) es consustancial a su rol de gestionar el terror a la muerte. Históricamente, la Iglesia siempre estuvo en contra de los avances científicos que han aportado bienestar a la humanidad: desde la disección de cadáveres al estudio de la anatomía, desde la vacuna contra la viruela (decían que era un castigo divino y como tal había que aceptarlo) a la anestesia en los partos, desde las células madre al uso de la píldora y preservativo. Esto es lo que hay. ¿Hasta cuándo?

  6. 17 octubre 2008 9:48 pm

    Pierre Miró; tu pregunta final tiene una respuesta clara, hasta el final de su existencia. La arrogante “cosificación” (permítame esta palabro) de este niño cuando se refieren a él como el bebé medicamento me produce náuseas pero, aún más indignación me produce el trato preferente del Estado para con estos predicadores.

    Tienen miedo a la ciencia, algo lógico cuando ésta se fundamenta en el rigor y en el conocimiento. Ellos, sobre la sobre cuestiones de fe.

  7. 18 octubre 2008 6:45 pm

    A la iglesia lo que le asusta es que la ciencia acabe con su chollo: cuantos más logros ciéntíficos en pro de la vida, menos agradecimientos habrá al todopoderoso.
    Un beso, maestro.

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