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Madrid: Llueve sobre mojado

23 enero 2009

Entrañable, qué quieren que les diga. Escucho a nuestra Mata Hari, la de los calcetines blancos, teorizar sobre la presunción de inocencia y por una vez, tengo que darle la razón: en un Estado de derecho no hay que demostrar la inocencia. Perfecto, lástima que este descubrimiento sea tan tardío e interesado; una pena que, en otras ocasiones, no se expresara en parecidos términos.

El mudo, sigue callado, no da la cara aunque dicen que escribió una nota bastante clarificadora sobre las intrigas por el poder en el Partido Popular. Esteban González Pons, tiró de manual y accionó el ventilador aunque esta vez, parece que el hedor en las cloacas del poder madrileño es tan penetrante que tendrán que necesitar algo más que su habitual maquinaria de intoxicación y propaganda, que constituyen el periódico inmundo, los micrófonos episcopales o el libelo digital, para detener la avalancha que se le viene encima. Los implicados, como siempre, culpando al medio informativo y, de momento, lo niegan todo o casi todo. Mientras tanto, algún incauto piensa que quienes siempre están dispuestos a pedir la dimisión del contrario, ahora actuarán en consecuencia, pero ¿qué responsabilidad habría que pedirles?

Hay distintos temas entrelazados en la trama madrileña. Por quedarme con sólo un par de ellos, y desechando la más que evidente guerra interna por el poder, incluido el duelo a garrotazo limpio, observo como muy significativa la decadencia del espionaje y la obsesión por organizar el silencio. En cuanto a la decadencia del espionaje, bastaría con leer a  John Le Carré o Graham Green, pero quienes lo montaron parece que prefierieron inspirarse en series televisivas actuales  o se quedaron en la caricatura del genial Ibáñez y aquellos grotescos espías de sus historietas. De mayor enjundia parece la obsesión por organizar el silencio. Se espía para saber y para, llegado el caso, invitar a levantar el vuelo al pájaro de turno. Técnicas de extorsión, chantaje y mafia, así de simple.

Aún esperamos una explicación razonable sobre lo del tamayazo y sobre el crudo y soez liberalismo de la lideresa. ¿Hay algo más liberal que la lucha por el control de Caja Madrid especialmente en estos tiempos de crisis económica y financiera? ¿Existe algo más liberal que el control de la información que ejerce esta señora en Telemadrid y ahora sabemos que también sobre sus compañeros de partido?  

Desde el tamayazo, algo huele a podrido  en los alrededores de la lideresa. Si algo de verdad hay en lo publicado, alguien debe terminar en la cárcel. La utilización de recursos públicos para estos fines es tan delictivo como la privación de derechos individuales. Un día, los mortadelos cantarán delante del juez y otro día cualquiera puede que la sociedad madrileña caiga del guindo y descubra que ha vivido mucho tiempo en una burbuja informativa. Sólo hay un inconveniente: la Justicia. Si   pudieran sorprender, estaríamos sorprendidos, pero aquí, tan acostumbrados como nos tienen, ya nadie se inmuta. ¿Cómo es posible, o entendible, que hace unos días el fiscal superior de la Comunidad de Madrid afirmara, sin haber emprendido ninguna acción para esclarecer el asunto, que no parece que haya delito? Ahora, ya inició los trámites pertinentes para la investigación, pero la predisposición de este señor ya está marcada por sus propias palabras.  

 

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6 comentarios leave one →
  1. 24 enero 2009 10:57 am

    Solo una pequeña puntualización: el que accionó el ventilador se llama Esteban González Pons, le has cambiado el primer apellido y en esto del espionaje es muy importante saber quién es quién.

  2. 24 enero 2009 11:44 am

    ¡Elemental! Gracias, lo cambio de inmediato.

  3. 24 enero 2009 12:23 pm

    “Querido Watson, cuando encuentres dos manchas en el mismo lugar, tendremos una pista segura”. (Sherlock Holmes).

    Dª Espe ya tiene sus “dos manchas”. Ahora, esperemos que la Justicia no se demore hasta la eternidad.

    ¿ Este caso de espionaje podría ser similar al del Watergate ?

    Aunque ésta diva de la política no creo que dimita. Cuenta con el apoyo incondicional de un tal Jiménez Losantos.

    Saludos. Toni Sagrel.

  4. Antonio permalink
    24 enero 2009 3:23 pm

    LA AUTORIDAD POLITICA

    La autoridad política de una nación toma su legalidad por dos vertientes básicas: 1) la sucesión monárquica (Monarquía), y 2) la elección por el pueblo (Repúblicas y Partito-cracias). Existe otro modo sangriento de conseguir el poder en la misma o en otra nación: el golpe militar o la invasión y conquista militar. En estos casos la acción de guerra se descalifica a sí misma, salvo en contadas excepciones. Sea cual fuere la consecución del poder legítimo, para que reine el bienestar, la prosperidad y la Justicia en sus respectivos países, un Jefe de Estado debería reunir siete condiciones fundamentales:

    1) Ser persona de integridad ética y moral. 2) Honesto y sincero. 3) Sentido de la Justicia. 4) Firme en sus decisiones. 5) Escuchar las ideas, proyectos, críticas y opiniones de la sociedad. 6) Amparar la libertad igualitaria y ejercer la imparcialidad. y 7) Proteger y amparar a los más desfavorecidos.

    1) Ser persona de integridad ética y moral: Todo creyente sabe que la autoridad emana de Dios, siempre y cuando esa autoridad sea utilizada para preservar la Verdad, la Justicia y la Paz. En caso contrario la autoridad conseguida mediante la violencia, la manipulación, la sangre, la traición o el engaño, no viene de Dios. ¿Por qué es preciso que un gobernante sea una persona íntegra? La ética y la moral son conceptos asociados a las religiones y son el fundamento de toda actividad política y social. Cuando un gobernante no es persona de fe, cae en la tentación de manipular la ética y la moral para acomodarlas a su antojo. Por tanto, sin los valores consustanciales de la ética y la moral, la estructura social acaba desmoronándose de forma paulatina pero constante. Y para ejemplos basta con mirar a la Historia lejana y reciente.

    2) Honesto y sincero: La honestidad y la sinceridad deben formar parte en el estandarte de todo buen gobernante. Cuando los propios gobernantes inflingen o pasan por alto estos valores, su actitud trasciende a la sociedad produciéndose en ésta el mimetismo con la clase política, con la consiguiente desaparición social de estos valores humanos. Las consecuencias de tan nefasto proceder de los gobernantes ya las conocemos: en una sociedad enseñada y acostumbrada a la corrupción, la honestidad y la sinceridad son consideradas como una rareza o una tara: el loco es el cuerdo y el sensato es el demente. Un gobernante que se precie debe mostrarse sincero con la sociedad. A una sociedad no se la gobierna con mentiras y ocultando la realidad económica, política o social: es una pérdida del respeto. La sociedad se compone de personas de todo tipo, color y condición que captan de inmediato cuando se les considera y respeta trasmitiéndoles la verdad y cuando se les intenta confundir ocultando la realidad.

    3) Sentido de la Justicia: Tener sentido de lo justo es una virtud que ennoblece a los gobernantes. Pero para desarrollar este sentido fundamental los gobernantes deben disponer de bagaje y experiencia sobre su alcance y significado. Todas las leyes deberían pasar por el tamiz de la ética y de la moral antes de ser autorizadas por los gobernantes de cada nación. Si la Justicia se establece en base a las proposiciones de ley en cuyo debate participan intereses mezclados y opuestos, la ley acaba distorsionando a la Justicia. La Justicia, real y verdadera, no puede estar sujeta a la unificación de intereses opuestos. Si aplicar Justicia es lo blanco, ¿qué Justicia aplican cuando han unificado los intereses del blanco, del rojo y del azul? Ninguna. Con este sistema se han convergido los intereses opuestos pero a costa de perjudicar la justicia social: ni el criminal es castigado de forma equitativa al daño producido, ni la víctima se ve compensada con la condena impuesta a su agresor. No se trata de que la Justicia favorezca al pobre ante un delito menor, pero si que debería considerar en sus juicios el estado de necesidad. Al contrario, la Justicia debería considerar las actuaciones delictivas de los poderosos: la ley debería aplicarse con más dureza a los delincuentes o criminales que, disponiendo de una economía considerable, utilizan su poder para aumentar sus beneficios de forma ilícita.

    4) Seguridad y firmeza en sus decisiones: Un gobernante debería ser firme en sus decisiones meditadas y no dejarse manipular por los diversos poderes que intentan presionarle. Si así ocurriese el poder no sería ostentado por el gobierno, sino por los poderes fácticos. Y meditar las decisiones significa que se ajusten al bien común y no al bien partidista o de un colectivo. Todas las medidas y decisiones deben ajustarse a los principios humanos de la ética y de la moral. Y toda ley que intente romper estos valores deben ser rechazadas. La función de un gobierno firme no resulta nada grata: una medida política puede resultar beneficiosa para unos y ser criticada por otros que ven mermado su insaciable sed de poder y avaricia. Pero esta condición de firmeza no debe confundirse con un gobierno dictatorial de signo tiránico o violento, sino todo lo contrario, la ausencia de seguridad y firmeza en un gobernante le convierte en marioneta de todas las presiones a que se ve sometido, olvidando la función responsable de su cargo con la imparcialidad y lo equitativo.

    5) Escuchar las ideas, proyectos, críticas y opiniones de la sociedad: Un gobernante no puede ejercer como tal permaneciendo recluido en un castillo y tomando medidas alejadas de la realidad. El buen gobernante debe permanecer alejado de todo signo de soberbia y de orgullo escuchando las inquietudes de la sociedad. De esta predisposición hacia la sociedad, no solo se produce una proximidad con los gobernados, sino que éstos colaboran aportando más luz sobre las deficiencias sociales, además de aportar ideas nuevas sobre aspectos de alcance económico, laboral y social. Es un síntoma de soberbia y una falta de respeto rechazar o despreciar la voz de los ciudadanos. El gobierno que así actúa está desperdiciando el potencial y la creatividad que subyace en el colectivo social.

    6) Amparar la libertad igualitaria y ejercer la imparcialidad: ¿A qué me refiero con lo de: “libertad igualitaria”? Existe una máxima que dice: “La libertad de uno termina cuando empieza la del otro”. A eso me refiero. Libertad si, pero para todos igual. Cuando la libertad individual se extralimita o sobrepasa, se está estrechando o disminuyendo la libertad del otro. Por tanto la libertad, concepto abanderado por los “progresistas” de forma irresponsable, está sujeta a una limitación temporal y social. Esta condición se relaciona con la condición anterior: libertad de expresión: SÍ, libertad para difamar, calumniar, ultrajar, delinquir, prevaricar, estafar, defraudar,…: NO. Respecto a la imparcialidad en la toma de decisiones, el gobernante no debe flaquear ante las presiones interesadas de los poderosos, ni inclinarse a favor de un asesino, violador o pervertido que pretenda justificar sus actos por su estado de pobreza.

    7) Proteger y amparar a los más desfavorecidos: Las leyes deben contemplar el estado de los más desfavorecidos. Un gobernante debe acercar, y no alejar, las condiciones económicas entre las clases sociales y económicas más opuestas. No estoy diciendo que el empleado deba tener la misma compensación económica que el gerente, estoy diciendo que se debe buscar un equilibrio entre el que nada en la abundancia y el que carece de todo. Y para ello el gobernante debe disponer de leyes que protejan a los más débiles y desafortunados de la sociedad. Resulta inmoral que muchos ciudadanos se vean excluidos del derecho a una vivienda y de un puesto de trabajo. Por eso el gobernante debe acudir a las leyes para incentivar la actividad empresarial productiva y el empleo tomando medidas económicas, laborales y sociales. Y entre sus medidas de carácter social, no debe olvidar al sector de los ancianos. Prestar atención, cuidados y cariño a los mayores, no debe suponer una carga, sino una recompensa: disponer de la compañía y de los sabios consejos de los padres, hasta edades avanzadas, no está al alcance de muchos hijos. Y si la familia no puede cuidar de sus progenitores, es el gobierno quien debe facilitar un alojamiento con los cuidados y atenciones de que son merecedores.

    En resumen: un gobernante debe ser una persona respetuosa con la doctrina de Dios y conocedor del Orden, de la Verdad y de la Justicia Universal.

    Palabras de Nuestro Señor Jesucristo:

    “Creed en Mí y todo se os dará por añadidura”

    Antonio Ruiz Palacín

    Mi blog: cienciafalsa-religion.blogspot.com

  5. 24 enero 2009 4:42 pm

    Hola Júcaro!
    Buen post. Yo nunca he militado, ni militaré parece ser, en ningún partido. No me interesan las luchas intestinas por el poder. El tener a tu disposición los medios necesarios y cierta impunidad aparente para hacer lo que estimes oportuno debe de ser una tentación muy grande para cualquiera que esté en esa situación. De todo ello va esto, independientemente de que los actores crean que están legitimados para hacerlo porque “los otros” son igual o peor.
    Por cierto, al del ventilador (penoso el pobre) le has puesto ahora bien el nombre en el post pero no has cambiado las etiquetas: dale su reconocimiento apropiado, que se lo ha ganado xDDD

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