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Franco y el Arte

18 agosto 2009

Que el Museo del Prado fuera uno de los primeros objetivos de la aviación golpista al bombardear Madrid podría llevar a la  conclusión de que al  franquismo observó el arte como un  peligro. ¿Qué verían aquellos tiranos en los cuadros de Velázquez o Goya? Mientras que los fascistas propagaron la idea de que las obras de arte se cambiarían por armas, tenemos las palabras atribuidas a Manuel Azaña: “Es más interesante salvar el Tesoro Artístico que la propia República; ésta si se perdiese, puede ser siempre restaurada, pero aquél, en caso de perderse, ya no se podría jamás recuperar”. Ahora, a salvo el tesoro artístico,  queda por restaurar República, que ya va siendo hora.

De aquel bombardeo se podría concluir que para el dictador el arte era un riego.  En un interesante trabajo de Jorge Luis Marzo se deduce que efectivamente, el arte fue contemplado como una amenaza pero que, la dictadura más que la destrucción buscó la apropiación. El primer paso era represaliar y silenciar las voces discrepantes para posteriormente congregar a expertos que fijaran los términos de la incautación del tesoro artístico. Se trataba de diseñar una cultura adecuada a la ideología de los vencedores.  Así, el régimen definió que el arte español, entre otras consideraciones, era apolítico, individualista y universal. Si Goya tenía una producción política era debido a su españolidad frente al invasor francés; el régimen enfatizó el carácter nacional del genio aragonés. Como la dictadura entendía que los movimientos y grupos suponían un riego, resaltó el carácter individualista; no tuvo reparos en utilizar a Picasso como ejemplo del perfecto español irredento, icono inamovible del carácter individual de lo nacional. Igualmente catalogó al arte español como universal porque se inspiraba en la tradición ecuménica del catolicismo.

Retrato de la Marquesa de Santa Cruz. Goya.

Retrato de la Marquesa de Santa Cruz. Goya.

Si el dictador era alguien que valoraba el arte es algo muy discutible, incluso es conocida la insignificante relevancia que el dictador daba al arte moderno: “Mientras hagan la revolución así..”, cuenta Tàpies que comentó Franco ante los cuadros más avanzados de la I Bienal Hispanoamericana.  Esta anécdota puede servir para ilustrar el interés y conocimiento que del arte tenía el dictador. También es conocida la intención de regalar un cuadro de Goya  a Hitler, cuando ambos se encontraron en la estación de Hendaya. 

Este episodio deja en evidencia el auténtico interés de Franco por el tesoro artístico español. Por aquellas fechas el cuadro debía pertenecer a algún coleccionista residente fuera del territorio nacional. Franco quiso comprar el cuadro no para que pasara a formar parte y exponerse en algún museo, sino para regalárselo a Hitler. Se cuenta que alguien había comentado al dictador de la existencia de una cruz gamada en la lira que sostiene la joven Marquesa de Santa Cruz, obsérvese la roseta situada a la altura del codo de la marquesa; debió pensar que tal motivo sería del agrado del alemán. En todo caso, lo que se sabe es que el fürher nunca recibió el cuadro y que hoy, desde 1986, se expone en el Museo del Prado. 

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6 comentarios leave one →
  1. 18 agosto 2009 1:18 pm

    El artista se siente impulsado a retratar la realidad y es mucho más sensible ante los sucesos de la realidad. Lo cual siempre estan plasmado en sus lienzos.

    que estes muy bien, un abrazo.

    Au revoir, Adio y bye.

  2. 18 agosto 2009 7:23 pm

    Gerardo, siendo cierto lo que escribes no lo es menos que en la dictadura se apropió de ese legado cultural para reinterpretarlo a sus intereses. El artista se plama en sus lienzos y el dictador nos dijo cómo teniamos que ver esas obras. En fín, que lo del “una, grande y libre” lo abarcaba todo.

  3. 19 agosto 2009 12:36 pm

    Salud

    Genial el artículo D. Júcaro. Muy interesante cómo se define al artista, para reescribir lo que quiere decir, y prohibir lo demás.

    Hasta luego 😉

    PD: Siempre me pareció muy noble cómo el gobierno de la República se preocupó tanto por el legado artístico, y todo el esfuerzo que puso en preservar todas las piezas y obras.

  4. 27 agosto 2009 7:48 pm

    Dejo un enlace a una curiosidad sobre la esvástica en la lira y lo acertado que estaba el asesor del genocida.

  5. 29 agosto 2009 4:12 pm

    Hmmm, está curiosa la nota. Yo creo que la disputa por una identidad cultural, como producto y elemento de propaganda fue algo muy presente, y ofrecería la hipótesis por ese lado.

    La República utilizó esos elementos culturales que comentas como apoyo identitario y moral durante la guerra y la victoria fascista supuso una reimposición de muchos valores culturales reprimiendo otros como en tantos otros aspectos y la restitución democrática también tuvo que recuperar muchos de estos aspectos aunque aún queda mucho tufo y cosas por calibrar. En el caso del Prado por ejemplo sabrás que Picasso fue nombrado director del mismo durante la contienda aunque nunca ocupó el cargo, pero simbólicamente tampoco nunca hubo una destitución formal en documento alguno. Así él (junto a muchos otros intelectuales) ejecutaba un exilio y denuncia que la República ensalzaba en muchos espacios emblemáticos como la pinacoteca.

    Muchos recordaran que por ejemplo en la exposición internacional de París de 1937 junto a Calder, Miró o Alberto se expuso ya como pieza central el Guernica como gran lienzo político denunciando el bombardeo que había ocurrido ese mismo año. El pabellón español aún estaba financiado por la República y no sólo el Guernica sino el resto de la obra que lo acompañaba tenía una gran carga reivindicativa e identitaria. Miró pintaba “Payés catalán en rebeldía”, la fuente de mercurio de Calder se substitulaba “Almaden” como la localidad industrial de donde salía el líquido como metáfora de movimiento libre y que ya había sido también objetivo militar de los fascistas, Alberto presentaba «El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella», Julio Gonzalez con la “Montserrat”, edificio del modernista catalan Sert, se dedica una sección a la obra de Lorca… O Buñuel por ejemplo “fue nombrado coordinador de Propaganda al Servicio de la Información en la Embajada española en París. En 1937 supervisa la producción y realización de la película de propaganda España leal en armas. El gobierno republicano le encarga la programación cinematográfica del pabellón español en la Exposición Internacional de París.”

    Vamos, que lo que está consensuado es que el espacio cultural también constituía campo de combate y propaganda. Como tal y en este contexto no me extraña que las tropas facistas quisieran reventar un símbolo como el Prado.
    La victoria de Franco supuso a posteriori el fin parcial de un modo autoritario a esta disputa cultural y un enfrentamiento a las vanguardias, las más sociales al menos, a las que la dictadura reemplazo en parte con la idea de una España homogénea en lo cultural, unitaria, y que comenzó a consertir cierto vanguardismo sobre todo en la atracción durante su segunda mitad junto a temas estrafalarios como el Daliniano que daban color pero no alteraban, y siempre teñido de un obligatorio españolismo que aún nos lastra.

    Se elimina a Picasso pero por ejemplo se ensalza el tardocubismo y la relativa vanguardia de Pancho Cosio. El cual con la llegada de las tropas franquistas en Madrid, es nombrado jefe de prensa y propaganda por los fascistas. De hecho a Cosio prácticamente se le ignora por fascista durante casi 20 años tras la muerte de Franco en la mayoría de las instituciones y no es hasta ese momento y cuando otros coleccionistas internacionales lo comienzan a reivindicar que sitios como el Reina Sofía se preocupan por adquirir obra de él antes de que se la puedan permitir en el mercado. Algo parecido a la recuperación de Manuel Machado, que sigue siendo menor frente a su hermano, pero que fue el Machado del régimen.

    Esta disputa también existía-existe fuera de la dictadura. Por ejemplo la ebullición del expresionismo abstracto contaba apoyos del gobierno estadounidense, ensalzando el individualismo y la falta de contenidos sociales, frente a la obra proletaria al otro del telón… Pero esta ya es otra historia. En fin, por cierto ¿has visto la película “el tren” con Burt Lancaster? Viene al caso con una ficción de guerra sobre la disputa cultural con el patrimonio que los Nazis buscaban expoliar de Francia.

    Saludos,

    Daniel

  6. 3 mayo 2010 5:16 am

    buen trabajo

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