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El PP o la soledad del perseguido

26 agosto 2009

Lo decíamos hace unos días, si rectificar es de sabios no esperen al PP. Sabemos que no rectificará como no lo hizo con respecto a la  teoría de la conspiración, o de aquel latiguillo de la España se rompe cuando se actualizaban los distintos estatutos, como tampoco lo hizo tras acusar al PSOE de colaborar de ETA .

Ahora, en este verano marcado por el sofoco político de Cospedal, el PP ha marcado la agenda de la distracción de los trajes sin facturas pero con gürtel . Como el descaro no tiene límites, convoca la Diputación Permanente del Congreso para certificar su baja calidad democrática y su infinita desvergüenza política pero que le sirve para que sus medios afines tengan ocasión de arrimar el ascua a la sardina de sus intereses electorales.

Pero resulta que política no basta con clamar a los cuatro vientos ser víctima de una persecución o decir que son objeto de espías por jueces, fiscales, policías y el Gobierno.  La democracia y la libertad de expresión permiten negar la propia democracia y cuestionar al propio Estado sin otra pretensión que tratar de engañar; una sociedad madura, en todo caso, debería tomar nota. En una democracia parlamentaria, cuando no se tiene mayoría absoluta, hay que tratar de convencer a otras fuerzas políticas. El PP ni lo intentó en esta ocasión porque su estrategia es la de la distracción y, en el enésimo intento de idiotizar al ciudadano, se quedó solo. Sí, con sus millones de votos, pero sólo una vez más.   

Soraya Sáenz de Santamaría afirma que “Cuando el Gobierno fracasa, el paro crece, la crisis se hace endémica, la gestión hace agua y se le tuercen hasta las buenas intenciones, a nuestro Gobierno le resulta más rentable echar mano del manual de acoso a la oposición“. Pero resulta que en estos últimos meses aunque sea de manera coyuntural -¡qué disgusto para el PP si no lo fuera!- el paro ha descendido y si alguien ha distraído al personal ha sido el propio PP que, para tapar sus vergüenzas, nos dejó al descubierto sus bajos instintos. En este verano, Rajoy y su banda han perdido la vergüenza política, si algún día la tuvieron, también perdieron el sentido del ridículo pero no les importa. Seguirán con la matraca del victimismo y sin la denuncia correspondiente.

Olvida el PP que en democracia más que decirse perseguido, hay que convencer a los jueces y a ciudadanos de que uno lo es. Olvida el PP, que en un Estado de derecho no hay que demostrar la inocencia sino la culpabilidad por lo que de acusar el ejecutivo de espiarle sólo tiene la salida de presentarse en el juzgado para la correspondiente denuncia. El Partido Popular olvida que si las fuerzas de seguridad investigan es porque hay un juez que ordena se investigue a los presuntos delincuentes, ¿o caso pretenden un trato de favor? Como escribe Manuel Calleja en su blog: Al PP lo están persiguiendo los jueces […]Efectivamente, hay persecución y ésta es judicial. ¿Algún problema?

 

 

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