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La última gota

28 diciembre 2010

Vengan cuanto antes las elecciones generales que a este paso será una heroicidad presentarse bajo las siglas del PSOE y una temeridad votarle.

Dicen los prudentes que en tiempos de crisis no es bueno perder el tiempo y las energías en campañas  electorales, pero cuando todos los días sufrimos una agresión y  el programa que votamos  se ha convertido ya en añorado recuerdo; ¡yo, no quiero ser prudente!

Reconozco que hay demasiado incauto con buenas tragaderas que aún piensa que con el PP en el Gobierno,  se adoptarán medidas políticas y administrativas que les beneficiarán.  Cuando eso suceda, lo de la victoria del PP,  supongo que a esos ilusos se les  desvanecerán las esperanzas y alguno que otro se caerá del guindo cuando ya sea demasiado tarde.  De igual manera, quiero suponer que  cuando perdamos las elecciones, el PSOE apostará por reencontrarse así mismo,  a sus bases y al ideario perdido. A veces, el ingenuo soy yo.

Resulta duro admitir que no reconozco a los míos cuando hacen una reforma laboral que recorta derecho a cambio de una supuesta creación de empleo que no llega;  que no  los reconozco  cuando abordan una reforma de las pensiones consistente en trabajar más para recibir menos; cuando subvencionan la electricidad a las empresas energéticas que, en tiempo de crisis, ganan y se permiten el lujo de exportar electricidad, mientras que a nosotros, reducidos los sueldos o lanzados  directamente al paro, nos suben las tarifas de manera tan obscena.

¿Para quién gobierna este Gobierno? Por las medidas que toma no parece que lo haga  para los trabajadores ni para quienes le dimos nuestro apoyo. Si cada medida que adopta es un aluvión de votos en la urna del PP o de la abstención, ¿para quién gobierna este Gobierno?

Sospecho que hay cierto aire de indolencia  masoquista  entre los trabajadores que desean la victoria del PP,  porque cuando las reformas de Zapatero las tildan siempre como tibias e insuficientes,  ¿qué será lo que nos tienen preparado?

Estamos rodeados, ¡qué cojones! A estas alturas de la derrota, casi me conformaba con que los nuestros  dejen de traicionarnos.

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2 comentarios leave one →
  1. 30 diciembre 2010 12:00 am

    Desde que nombraron ministro a Sebastián pensé que sería un cáncer. Desafortunadamente el tiempo me ha ido dando la razón, y más teniendo en cuenta su ascendente sobre Zapatero (desde la oficina económica de Moncloa, primero, hasta hoy en día).

    • 30 diciembre 2010 11:20 am

      Y nos dijeron, cuando la última remodelación del Gobierno, que uno de los objetivos de la misma era comunicar mejor. Claro que igual, lo que no tiene explicación lleva a estas malas bromas.

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