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Dinero y poder

21 febrero 2011

 

Dinero es poder

En la planta de maternidad de un hospital público una mujer es atendida en el paritorio. En ese mismo instante,  otra mujer da a luz en un centro privado. Ambas se enfrentan al mismo trance: el nacimiento de un hijo. Poco importa que  los nacidos vivan el mismo acontecimiento; desde ese mismo momento, las nuevas criaturas estarán determinadas, entre otras cosas,  por la abundancia o escasez de dinero.

Es un ejemplo que, con la mejora de los servicios públicos de salud, puede perder  algo expresividad pero lo que aún no ha cambiado es el hecho diferencial de nacer en el seno de una determinada familia. También vivir en un pueblo o en una ciudad condiciona el presente y futuro de cada persona.  Que  un joven  de pueblo curse estudios universitarios ocasiona unos gastos extra, a los que  no tiene que hacer frente la familia que vive en una  ciudad con centro universitario. Es cierto que hay becas y  también mejores comunicaciones a las existentes cuando  el padre o la madre marcharon del pueblo para estudiar pero, aún así,  el esfuerzo económico es necesario y la economía familiar se resiente. Puede resultar una exageración  pero afirmaría que sólo en el instante de llegar a esta vida o de salir de ella, nos equiparemos todos. Las circunstancias que rodeen a cada uno podrán diferenciarse pero en esencia,  en el acto de nacer o morir nos igualamos.

Dicen que todo comenzó con el trueque, con el intercambio y sobretodo cuando alguien se percató de lo provechoso de usar algo que no estuviera al alcance de todos. El ganado y los alimentos eran  demasiado vulgares. Había que acuñar algo diferente, que no fuera tan accesible y que se convirtiera en símbolo inequívoco de poder. Entonces, se pusieron en circulación las monedas y en ellas, para dejarlo bien claro, se grabaron emblemas locales, símbolos identitarios o los rostros de jefes, emperadores  y reyes.

Desde entonces, el dinero simboliza el valor de las cosas materiales y es  un signo inequívoco de poder. Desde entonces, se usa la moneda como sistema de control social: «tanto tienes, tanto vales». Lo expresó de manera genial Quevedo cuando se refirió al poderoso caballero. Desde entonces, el sistema nos controla mediante la capacidad adquisitiva que tengamos cada uno. Quien no tiene  dinero es una persona con menos posibilidades, alguien inferior por carecer de  valores cotizables en Bolsa. Los pensadores, los intelectuales y los comprometidos con otras causas diferentes de la acaparación y acumulación de dinero, son observados como unos extraños maniáticos a los que hay que dejar transitar con sus ilusiones siempre que no incordien demasiado.

El dinero es poder. Nos engañan con supuestas facilidades, con  ese  chocolate del loro que sólo es una rémora hipotecaria para que sepamos  en todo momento y lugar lo que tenemos que trabajar para saldar deudas y compromisos. Nos engañan con la política y los políticos; nos  quieren hacer creer que, en democracia, elegimos a los que nos gobiernan; que los políticos dirigen el país.  Es mentira. Hemos tenido que padecer una crisis para comprobar que eso no es exactamente  así; que por mucho que nos cuenten, llegado el caso, la política no cuenta nada, y los políticos, unos títeres en manos del todopoderoso mercado. Lo expresó mucho mejor León Tolstoi cuando dijo: «El dinero es una forma de esclavitud que sólo se distingue de la antigua por el hecho de que es impersonal; no existe una relación humana entre amo y esclavo».

Es cierto que el sistema establecido es sofisticado y de apariencia benévola aunque, como otros cielos, precise de un infierno con el que atemorizar y sedar a los resistentes: el crack económico; la amenaza de volver a la pobreza y al subdesarrollo.

3 comentarios leave one →
  1. mldiaz permalink
    21 febrero 2011 8:36 pm

    El dinero es una necesidad natural de toda sociedad. Nos permite intercambiar bienes y servicios con mayor facilidad y celeridad. Gracias al dinero, uno no tiene que llevar en el bolsillo un pollo o una lechuga, que, además de ser bastante incómodo, es posible que no le interesen en absoluto a la persona de la que quieres un bien o un servicio.
    El comunismo, en cambio, es algo artificial. Un invento del hombre que va en contra de la propia naturaleza del ser humano, puesto que el ser humano es libre por naturaleza y el comunismo se empeña en atarnos a todos juntos, de manera que sólo podemos ir en una dirección y al paso del más lento. El comunismo impide el progreso, puesto que machaca la iniciativa de los individuos que más aportan, igualándolos a aquellos que no aportan nada.
    Esa es la gran FALACIA del comunismo, el considerar que todos somos iguales sin tener en cuenta lo que aporta cada uno a la sociedad. Porque en toda sociedad hay individuos que aportan más y otros que aportan menos. Hay individuos que aportan muchísimo, y no me refiero sólo a lo económico, por ejemplo, Edison, Pasteur, Marconi, Marie Curie,Beethoven. Sin uno solo de estos individuos la sociedad actual no sería lo que es. En cambio, hay otros individuos sin cuya existencia la sociedad hubiera sido mejor o no hubiera cambiado en absoluto.
    Por eso hay que premiar al que más aporta a la sociedad. Hay que premiar al que da más trabajo, hay que premiar al que cura más enfermedades, hay que premiar al que produce más, porque si no se le premia, al día siguiente no se esforzará en ser mejor; se convertirá en un borrego más; otro que no aporta nada a la sociedad. Y el progreso se detendrá.
    No se nos puede tratar a todos por igual. No se nos puede tratar como si fuéramos una masa, porque NO somos todos iguales.
    La izquierda se ha equivocado en sus planteamientos. Los gobiernos de izquierdas castigan a los que más producen y premian a los menos creativos. Subvencionan empresas que están abocadas al fracaso, que ya no tienen solución, mientras fríen a impuestos a aquellas que dan más trabajo y que producen más, simplemente porque no están en dificultades financieras. La izquierda siempre ha echado dinero en saco roto, allí donde no sirve para nada. En lugar de estimular la creatividad y el ingenio, estimulan la pasividad y la inacción a base de subvencionar a aquellos individuos que menos producen. Al final, el sistema de protección social lo pagamos entre todos, pero sólo lo usan unos pocos y siempre son los mismos, puesto que en lugar de apremiarles a que busquen o creen un empleo, se les incita a seguir viviendo del sistema.
    La culpa no es del sistema. No busquemos una mano negra que no existe. La vida es dura. Esa es la realidad. Hay que desconfiar de todo aquel que nos quiera poner las gafas de color de rosa. Hay que poner los pies en el suelo. Hay que coger el toro por los cuernos. En esta vida nadie nos va a regalar nada. Es importante contar con un buen sistema de protección social; pero un buen sistema de protección social debe garantizar una vivienda a precios realmente asequibles para todos los ciudadanos, debe garantizar una energía asequible, y unos precios asequibles para los productos básicos, debe garantizar unas prestaciones para todos y evitar que algunas personas se “instalen” en el sistema de protección social y se aprovechen de las prestaciones que deberían servir en un futuro para otros que nunca las han disfrutado.¿Qué ha hecho la izquierda con este país? Todas las políticas de apoyo al trabajador se han traducido en un empeoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores, porque dañan la fuente de riqueza de todo trabajador y del estado: la empresa privada. Los gobiernos de izquierdas se han dedicado a darle lustre a las hojas, mientras la raíz de la planta se secaba, y con ella también las propias hojas. Luego ha venido un jardinero “iluminado” y en lugar de regar la planta se ha gastado todo el dinero en comprar pinturay ha pintado de verde las hojas secas, haciendo que lucieran sanas y permitiendo que se pudrieran por dentro. La pintura se ha ido con el agua de la crisis, dejando ver las hojas secas, en lugar de aquellos brotes verdes tan prometidos. ¿Dónde está la “Championlig” de la econo mía mundial?
    Creo que nos hemos equivocado en muchas cosas y creo que tenemos que reflexionar.
    Sólo hay que dar un dato: Los alemanes tienen sueldos superiores al doble de los nuestros y aún así sonmucho más competitivos. La clave: más empresas. Cómo lo consiguen: más productividad, más espíritu emprendedor, compitiendo con la calidad y no con el precio, ofreciendo bienes y servicios de alta calidad.
    En definitiva, hay que premiar más al emprendedor, que es el que crea la riqueza.

  2. 21 febrero 2011 8:47 pm

    Recomendaría al Sr. Mldiaz que cerrase el libro de los prejucios e hiciese menos textos para autoconvencerse a sí mismo de lo que parece que no está convencido. Yo no he visto mencionar la palabra comunismo en el texto en ningún sitio, así que no entiendo a qué viene el comentario como no sea puro ejercicio de hacer ruido para no escuchar lo que no le gusta. Lo único que he visto con sentido y relacionado con el tema es lo de la lechuga en el bolsillo, que me ha hecho gracia.

    Júcaro, yo no creo que la democracia esté vacía en su arquitectura, está vacía en su realidad porque los ciudadanos no sabemos usarla para nuestro beneficio a causa de nuestra cada vez más marcada ausencia de responsabilidad colectiva.
    La realidad de la democracia son unos líderes y una ciudadanía eligiendo en función de conceptos más o menos banales. Falta conocimiento, implicación y capacidad para exigir y ejercer la participación democrática. Con estos ingredientes tendriamos una democracia muy distinta.

    Saludos,

  3. 22 febrero 2011 4:36 pm

    mldiaz: Con algunas cosas de las que comentas estoy de acuerdo. En todo caso tu comentario me hace recordar algo que leí por algún sitio. Resulta que durante una època, en determinados lugares, las almendras del cacao se utilizaron como monedas y que un tal Pedro Mártir de Anglería, ensalzó aquella moneda de esta manera: «¡Oh feliz moneda! No sólo es una una bebida útil y deliciosa sino que no permite la avariacia, ya que no se puede conservar en el tiempo».

    Pedro: Creo que compartimos la misma opinión. En biuena parte somos nosotros corresponsables de la clase política que tenemos o padecemos. Falta compromiso y disposición a salir en defensa propia.

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