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Branford Marsalis

25 febrero 2011

De mi afición al jazz dejo notas esporádicas en este espacio. De la raquítica colección que fui acumulando desde el primer salario, cuando también tenía dificultades para llegar a finales del mes , y cuando la música se encerraba en enormes Long Plays con un, dicen ahora, maravilloso ruido de fondo, hasta los posteriores CD’s digitalizados, uno de los discos que más valoro y aprecio es «Comtemporary Jazz» de Branford Marsalis.

Branford es uno de los grandes músicos actuales. Aunque muchos han querido situarlo a la sombra de un muy prestigioso hermano, Wynton, y  de su reconocido padre, Ellis. Branford, independientemente de su apellido, es uno de los grandes, de los más versátiles, innovadores y respetados músicos de jazz. Por derecho propio, su nombre se mencionará y su música se escuchará junto a la de los legendarios saxofonistas:  Coltrane, Hawkins, Rollins o Gordon.

Su biografía musical está jalonada por colaboraciones junto a grandes personalidades de la música.  Tocó el saxo en las orquestas de Clark Terry o de Lionel Hampton y, junto a su celebérrimo hermano Wynton, en los Jazz Messengers del no menos prestigioso Art Blakey. Participó en alguna gira de Herbie Hancock , colaboró con Sonny Rollins y grabó en 1984 con el mismísimo Miles Davis.  A partir de ahí, se distancia de su hermano y emprende una carrera en solitario que no siempre fue reconocida, especialmente cuando decidió formar parte de la banda de Sting y The Grateful Dead. Se  abrió camino indagando y experimentando con sonidos y fraseos que fluctuaban entre lo más clásico y ortodoxo  a  lo más novedoso  y experimental. Sin acomodarse al jazz tradicional y sin ser un transgresor en las formas, Branford siempre prefirió  la búsqueda de nuevas experiencias, procurando conciliar el jazz clásico con el más innovador.

Independientemente de la consideración de los especialistas, entiendo que «Contemporary Jazz» es uno de sus trabajos más completos y, el disco al que le tengo más aprecio. Grabado en formación de cuarteto junto a un trío formado por Calderazzo, Jeff Watts y Eric Revis, formación, que por fortuna se repetirá con cierta frecuencia, firma un trabajo que hay que degustar necesariamente aunque los selectos del jazz, esos que se esfuerzan para que el jazz sea minoritario y elitista,  levantaran desdeñosos las cejas cuando este disco acaparó alabanzas y premios.

 

 

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