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Socialdemocracia

22 abril 2011

PERSPECTIVAS

Definirse de izquierdas hoy no pude ser una simple etiqueta. Es cierto que este término ha dejado de ser útil para identificar ideas o un proyecto político. Puede sonar duro pero en realidad, de tanto manoseo, se ha quedado vacía de contenidos y propuestas. Durante un tiempo la izquierda nos identificaba a los progresistas, agrupaba a quienes nos posicionábamos a favor del cambio, la evolución y las políticas sociales mientras que la derecha representaba opciones conservadoras. En la actualidad, ese simplismo se nos muestra inoperante, un etiquetaje algo rancio. La diferencia entre unos y otros es la defensa de la intervención del Estado o su voladura como garante de las políticas sociales dentro de la economía de mercado..

Por cobardía, desidia o incapacidad, la izquierda no ha encontrado una manera alternativa y diferente de las diseñadas por el poder económico, por la banca y las grandes multinacionales. Las formaciones políticas que propugnan otras vías, se dan de bruces con el absentismo ciudadano. Islandia, puede ser un espejismo, un anécdota o el camino que debamos emprender. Sea como fuere nos encontramos desorientados, sin una ruta a seguir, sin una brújula que indique por donde debemos avanzar, sin la osadía necesaria para transitar nuevos caminos. La ciudadanía parece que se ha dejado convencer por esa peregrina idea de que el mercado es neutral y que no hay espacio para la política. En esta idea ha colaborado con especial negligencia los propios partidos políticos que hoy son observados cómo simples maquinas de poder alejados de los intereses ciudadanos.

Asistimos al naufragio de la socialdemocracia, aunque tendríamos que preguntarnos si alguna vez navegó con diligencia. En muchos sectores el término socialdemócrata era sinónimo de traición y entreguismo al capital, para otros se identifica con el socialismo democrático y reformista, aspirante a la justicia social y los derechos políticos. Con viento favorable, la socialdemocracia ha dado algunas respuestas esperanzadoras y ha profundizado en determinados derechos sociales, pero cuando nos pilló la tormenta prefirió renegar de su propio rumbo bien por carecer del mismo, por falta de agallas o por la falta del empuje ciudadano necesario para emprender una travesía contra las tempestades. Hasta la fecha parece que la socialdemocracia se ha limitado a singladuras cortas de escasos logros pero aún no emprendió la travesía ambiciosa que algunos esperamos.

Otros blogs que han difundido esta nueva entrega (se accede pinchando en la imagen) de PERSPECTIVAS SeR. : Ciudadano públicoEl viaje de Ulises, La república heterodoxa, salondesol Táfugos

2 comentarios leave one →
  1. 22 abril 2011 8:27 pm

    Yo creo que hemos perdido la batalla, si no la guerra entera, otra vez. La socialdemocracia hace decenios que palmó y ahora nos hemos dado cuenta de que el cadáver ya está putrefacto. Quienes seguíamos creyendo que era posible alcanzar una sociedad socialista a través de las reformas políticas nos hemos dado de bruces con la cruda realidad: los partidos políticos que habían propugnado esto mismo han hecho todo lo contrario, esto es, reformar la socialdemocracia para homologarla con el liberalismo y juntos construir una sociedad capitalista. Quienes pensaban que el capitalismo caería por sí mismo, víctima de sus propias contradicciones, y le dieron cuerda esperando que él mismo se ahorcaría, acaban de despertar de su sueño para descubrir que el capitalismo es un superviviente nato, capaz de medrar en los entornos más hostiles. Y, finalmente, sólo quienes desde el principio defendieron que con esto sólo se termina a través de una revolución popular, son quienes tienen razón y paradójicamente quienes menos seguidores tienen.

  2. 23 abril 2011 6:55 pm

    Me parece que se han cambiado las ideologías por la gestión en función de los condicionantes de cada momento en vez de una planificación basada en una hoja de ruta a partir de unos principios. Nos hemos quedado sin principios y al paso que vamos puede que sin finales y que todo se reduzca a un solo final escrito de antemano con independencia de quien gobierne.

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