Lector de blogs (II)

2010 Febrero 8

Continúan los ecos del pensionazo y otras desmesuras, incluido un lamentable giro a la derecha que igual obliga  a más de uno a guardar el carné en el tacón del zapato izquierdo no por temor a represalias sino por vergüenza.

Pocos como el autor de Esquirla en el Aire han sabido exprimir el jugo amargo de una semana demoledora para quienes el PSOE significa algo, mientras que Rosa María Artal nos ofrece la  composición del próximo Gobierno del PP.  Ante estos y otros deprimentes supuestos, hay quien se encomiendan a San Osama Obama y quien nos pide que  crucemos los dedos.

Al final,  os dejo enlazado el resumen semanal que de la RBS  de Mercè Perelló, bloguera que lleva 4 años dando sentido y coherencia progresista  a esto de los blogs.

Al lector  le interesó especialmente:

  • Un clavo ardiendo, en Esquirla de Aire: «Mira que me lo dijeron, o me lo advirtieron – cójanlo como quieran -, seguramente con retintín pero en todo caso con buena fe: que el PSOE no es de izquierdas; que es el partido de las esperanzas frustradas; que no te creas lo de la “casa común”, etcétera. Pero yo ni caso, erre que erre, empecinado como una mula terca, sabedor de estar en posesión de la verdad absoluta revelada por alguna divinidad desconocida, dije ¡A tomar viento! y me afilié. Craso error».
  • Salinger recusita a Lennon, de Matías Vallés: «La muerte de Salinger ha resucitado a Lennon, debido a que el asesino del Beatle no sólo devoró El guardián entre el centeno antes de cometer el crimen, sino que lo hojeó inmediatamente después de disparar contra el músico. También leyó un fragmento de las peripecias de Holden Caulfield al jurado del juicio consiguiente. Hoy sólo hubiera seleccionado el volumen que debía barnizar culturalmente su magnicidio tras intensas negociaciones con las editoriales ávidas por promocionar sus títulos».
  • La revolución industrial de Adolfo Domínguez, de Nicolás Amengual: «Miren la cara de este señor. Mírenla bien. Seguro que todos saben quién es Adolfo Domínguez. Sí hombre, sí, ese modisto gallego, diseñador o lo que se quiera llamar que se dedica a fabricar y a vender ropa para gente “guapa”, ropa que la mayoría de sus trabajadores jamás podrá vestir porque queda fuera del alcance de sus salarios. Un señor que leyendo sus declaraciones uno cree que ha vuelto al panorama anteriormente descrito: quiere un despido “sin trabas administrativas ni judiciales” “a la manera anglosajona” para fomentar el aumento de la productividad, dice no creer en un sistema “que permite que una persona se coja una baja por depresión durante un año, la mayoría de veces fraudulenta”, asegura que la izquierda se ha instalado en la pereza, afirma no creer en el Estado del Bienestar, le escandalizan los 30 días de vacaciones de los trabajadores».
  • La noche más larga, de Surco:«A estas alturas este post no es novedad y empieza a ser un clásico en mileurismo. Todas las primeras semanas de mes tenemos que abrir con la cifra de paro y esta semana nos toca una de quitar el hipo. 125.000 parados son difíciles de justificar desde la óptica de la recuperación. El gobierno empieza a no tener argumentos y a lanzar algunos debates extraños sobre reformas laborales. ¿Es inteligente intentar tapar un borrón con un escupitajo?».
  • ¿Son los partidos una religión?, de Albert Medrán: «La relación emocional de los seguidores de un partido con esta organización guarda muchas semejanzas con una religión. Y las religiones, a su vez, guardan muchas similitudes con las marcas que, en un contexto como el actual, evocan a la emoción y no a la razón para conseguir nuevos clientes».
  • ¿Tiene argumentos económicos la izquierda?, de Jorge Barraza: «Cuando la izquierda quiere defender el sistema público de pensiones frente al privado acude al eslogan: “defendemos lo público”. Cuando se quieren defender las prestaciones sociales se acude al eslogan: “defendemos la justicia social”. Y si se desarrolla todo esto, muy bien desarrollado, se dan cientos de argumentos políticos. Políticos. ¿No hay argumentos económicos para defender estas cuestiones desde el pragmatismo y el realismo económico
La semana RBS, según Mercè Perelló

Lo mejor de la semana según Mercè Perelló

La palabra y el gesto

2010 Febrero 7
por Júcaro

Hoy me faltan palabras para escribir. Las busco pero parecen aletargadas, perezosas, con poca predisposición a picar los anzuelos que les lanzo. Como esta situación se repite con cierta frecuencia, paseo por la blogosfera en busca de algo digno que plagiar o si lo prefieren, en busca de inspiración. Eso sí, como la actualidad política de estos días  me produce cierto desasosiego y frustración, me dispongo a ojear actualizaciones anteriores a esta semana. A las primeras, encuentro Ópera en el Mercado Central de Valencia, de Jon Kepa, post en el que se reproduce un vídeo espectacular.

Observar el vídeo es comprobar, una vez más, que la palabra no es el único elemento del proceso comunicativo. Reproduzcan el vídeo, incluso suprimiendo el sonido.  De acuerdo,  no es igual;  hay una música que da coherencia y sentido a todo el espectáculo pero reproduzcan sólo sus imágenes. La música, en este caso son diversos fragmentos de «La Traviata» de Verdi,  no es lo que me interesa. Llama mi atención la reacción de los usuarios del mercado. Los gestos de esos ciudadanos dicen mucho y transmiten sorpresa, expectación,  incredulidad, emoción, alegría, satisfacción, felicidad. Intento escribir un post que transforme  las imágenes  en palabras; esbozo borradores con destino directo a la papelera.

Cuando hablamos, además de palabras, usamos otros recursos que, en ocasiones, pueden resultar más explícitos. Dicen que los latinos en general, y los  hispanos en particular, recurrimos con reiteración a estos mecanismos expresivos. Algunos argumentan que el  uso y, en ocasiones, abuso del gesto es una estrategia que pretende ocultar la ausencia del dominio de un vocabulario amplio; que intentamos paliar nuestra pobreza verbal apoyándonos en el resorte gestual para facilitar y hacer más comprensible nuestra comunicación. Puede que algo de cierto exista en ello, pero observando este vídeo las palabras parecen tomar categoría de anécdota y que  esos rostros transmiten emociones que no precisan sustantivos, adjetivos ni adverbios que las encorseten y delimiten. Si en las palabras confluyen  evolución  e inteligencia,  en los rostros de esos ciudadanos se expresa algo superior que no precisa del conocimiento de un determinado código léxico. Esas expresiones son universales; usan una especie esperanto natural y accesible a todos.

En Cien años de soledad, al hablar de la fundación de Macondo, Gabriel García Márquez escribe: “el mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre”. Hoy que el mundo parece más antiguo, todas las cosas tienen un nombre y una o varias palabras para identificarlas. La cuestión no es, ahora, la falta de palabras sino la incapacidad del copista para transcribir lo que observa y de su manifiesta impericia para encontrar los términos adecuados.

Consumado el fracaso, el escribiente, observa el vídeo una vez más. Ahora le interesa otros aspectos, como conocer los datos de ventas en el Mercado Central de Valencia una vez concluido el espectáculo para comprobar si un buen estado de ánimo nos hace ser más generosos en el gasto. Por otra parte, se pregunta si será verdad eso de que muchos medios editan basura porque ésa es la demanda. ¿Están convencidos,  editores de prensa y programadores de televisión, que nos gusta tanta porquería?

Un post pornográfico

2010 Febrero 4
por Júcaro

No hay peor lujuria que pensar. Cuando hace unos meses reproduje Opinión sobre la pornografía, de Wislawa Szymborska, no imaginé que, a este blog y al reclamo de la palabra pornografía, llegara cierto tipo de gente con tanta curiosidad como ignorancia. Igual pensaron que Wislawa era el nombre de una actriz porno. El caso es que, desde su publicación, un buen número de visitantes del blog lo hacen  seducidos por el título del post  y, probablemente, buscando un contenido que no encontrarán.  Resulta significativo  que  varios de quienes dejaron  su comentario lo hicieran motivados por ese mecanismo simple e irracional de acción reacción, como si respondieran a una llamada de conciencia para divulgar lo nocivo que  resulta para el ser humano eso del porno. Algunos leen pornografía y se ponen como motos. ¡Qué le vamos hacer! Estos moteros responden a dos prototipos: quienes buscan algo de distracción o placer y quienes consideran —¡con éstos hay que tener cuidado!— que el ser humano debe actuar como si perteneciera a una especie asexuada.

Es cierto que los comentarios, con demasiada frecuencia, los escribimos sin la lectura previa y pausada del post en el que opinamos. El caso es que reproduzco un  poema y me sueltan una sobredosis de moralina. Es insolente llamar a las cosas por su nombre. Lo sexual está latente en nuestras vidas pero siempre hay un puritano empeñado en calificar a los demás como depravados si no actúamos  según sus criterios, un ilumindado convencido que su misión consiste en salvar almas descarriadas. ¡Uf!, ¡cuánto óxido!

El sexo, todo lo relacionado con la sexualidad, tan presente y tan tapado, tan deseado y  silenciado era algo reservado para la intimidad del tálamo, alcoba y confesionarios. El sexo es algo cotidiano pero hay quien pretende condenarlo a la ignorancia, al oscurantismo, quien pretende ocultarlo bajo un estúpido velo para actuar como si no existiera. Bajas pasiones, le llaman algunos. ¡Vaya eufemismo! La pasión se le supone, aunque no siempre, pero ¿bajas? Cuando mi vecina Juana decía que tenía molestias en los bajos, su marido, que era un tipo con mucha guasa, le solía responder que fuera al callista o  que buscara zapatos más cómodos.

No sabría definir la pornografía, pero si tienes curiosidad no  recurras al DRAE para conocer su significado preciso y exacto. Nuestros académicos son tan doctos que nunca dejarán de sorprendernos: si el franquismo es para ellos un movimiento político y social,  la pornografía puede llegar a ser un tratado sobre la prostitución. ¡Qué cosas!

En cuanto a mi opinión, sobre lo que es pornografía, diré que nunca supe diferenciarla del erotismo, que mientras sea entre adultos y de forma voluntaria no me parece más obscena que muchas otras cosas de nuestra realidad —abusos bancarios, morralla televisiva en horario infantil, la doble moral vaticana o los euros, que de nuestros impuestos, recibe la Casa Real—. No sabría, repito, definir la pornografía pero os diré que nunca compartí aquello de que la literatura erótica es la que se lee con una sola mano porque, como dice un amigo, una cosa es la literatura y otra hacerse pajas.