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Súbditos

21 Julio 2010
por Júcaro

Entro en la casa cerrada durante días. Huele como debe oler Génova  Abro todas las ventanas con la intención de que entre aire limpio pero afuera sólo hay el mismo aire viejo y viciado de siempre.  Sobre los muebles una película de polvo que lo  cubre todo. El teclado del ordenador no es ajeno a la invasión.  Observo las letras cargadas de polvo, quizá debiera aprovechar  la circunstancia para dejar este  blog, para iniciar otros proyectos.  Puede que lo haya dicho todo, que lo haya escrito  todo. Seguro que  me repito en el mismo argumentario como ese mal político que una y otra vez suelta la misma cantinela, ajeno a sus propias contradicciones y a la tozudez de la hemeroteca. Supongo que se me ve venir como a ese tertuliano que vive de sermón en sermón reiterando sus mismas obsesiones delante de cada micrófono o como aquel cura del pueblo que siempre predicaba los mismos sermones de panes y peces, de  camellos, agujas, ricos y reino de los cielos.

Ni La Roja,  con su mundial,  nos puede privar de la certeza revelada: somos súbditos en la dictadura de los mercados.

Bandos del alcalde XIV

11 Julio 2010
por Júcaro

EL ALCALDE PRESIDENTE
del excelentísimo Ayuntamiento de Madrid,
MADRILEÑOS:

Era y es costumbre inmemorial entre los vecinos de esta honrada Villa congregarse los días señalados y fiestas de guardar para asistir a espectáculos públicos de grande diversión y entretenimiento, que suspenden el ánimo y sirven para descanso y olvido de los muchos quehaceres que a cada cual, según su estado, ocupan, desvelan y con frecuencia agobian.

Entre todos cuantos espectáculos públicos distraían y animaban a los vecinos de este Concejo, descollaban de modo principalísimo y casi único las fiestas de toros, en las que participaban los moradores de la Villa con singular entusiasmo y regocijo, no faltos de percances y, en ocasiones, desgracias.

Pero, renuévanse los tiempos, se alteran o cambian las costumbres y se introducen novedades que, sin perjuicio de que sobrevivan los antiguos usos y públicos espectáculos, ocasionan nuevos modos de esparcimiento y distracción, tales como el llamado “Football”, expresión anglicana, que en nuestro común castellano equivale a que once diestros y aventajados atletas compitan en el esfuerzo de impulsar con los pies y la cabeza una bola elástica, con el afán, a veces desmesurado, de introducirla en el lugar solícitamente guardado por otra cuadrilla de once atletas, y viceversa.

Es tanto el entusiasmo que ha despertado en todas las naciones del universo mundo tan notable afición, que puestas de acuerdo las principales cabezas entre las que dirigen y conciertan las demostraciones públicas del referido entretenimiento, han elegido a nuestra Villa y Corte para que, en los grandes cosos que en ella existen, compitan en los encuentros finales las mejores cuadrillas de cada nación, celebrándose con este fin grandísimos y fastuosos juegos que atraerán a esta honrada ciudad innumerables visitantes de cuantos países pueblan la Tierra.

Aunque es notorio y de común conocimiento que los vecinos de esta Villa suelen hacer oídos de mercader a las advertencias y admoniciones del Alcalde, séame permitido recordar que entre las virtudes que hacen un vecino perfecto y acabado, una muy principal es la cortesía, merced a la cual conservamos viejas amistades, ganamos nuevas, hacemos de los extraños propios y no pocas veces de los hostiles enemigos amigos de apego y fiar, logrando por añadidura que quienes visitan las ciudades pobladas por vecinos corteses se hagan lenguas de ellos, maravillados de la apacible condición de sus moradores.

Siendo así que esta Villa, por razón de los grandes y famosos juegos de “Football” que de suso he dicho, ha de ser visitada por un sinnúmero de curiosos y aficionados viajeros, bueno es y muy conveniente que extrememos la sobredicha virtud de la cortesía que, común entre nosotros, en ocasiones se olvida, por la preocupación, el mucho trabajo o descuido, cuando no por el enfado o la ira.

Encarezco, pues, a los madrileños, como regidor que soy de esta Coronada Villa, que atiendan con particular esmero a nuestros visitantes, conduciendo al perdido, orientando al perplejo, sosegando al inquieto, ayudando al que está en apuros, consolando a quienes la magnitud, complicación y desmesura de esta gran ciudad, pueda llevar a la tribulación o al desconcierto, indicándoles con señas, descripciones sobre los planos o acompañándoles en la práctica, qué han de hacer, cuando, como ha de ocurrir con sobrada frecuencia, desconozcamos su propio y connatural idioma u otro cualquiera que como recurso hablen.

Advierte también esta Alcaldía Presidencia a los vecinos, con suma severidad no exenta de amor, que se esmeren en mantener limpias las calles, en la pulcritud de las fachadas y en la perfecta colocación de los coches en los lugares que correspondan, para pasmo de nuestros visitantes y gratificación y contento de nosotros mismos.

Copioso es el caudal de razones que aconsejan nos desvelemos todos por atender y cuidar a nuestros visitantes, que serán en extremo numerosos y de muy diferentes hablas y lugares, pero una hay principalísima, que no se ocultará al discernimiento y agudeza de los vecinos de esta Corte, es a saber que multitud de hombres, mujeres y quizá niños, diestros en el arte de apoderarse de lo ajeno, vendrán a esta Villa, aprovechando la circunstancia de tan favorable ocasión, como la de los universales juegos sobredichos, de modo que al número común de picaros, cortabolsas, sopistas, catarriberas y otros muchos de dudosa condición que ya existen en la Corte, habrá que añadir a los que desde fuera se agreguen, por lo que hemos de juntar a la cortesía el más solícito desvelo, para evitar hurtos, robos e ilícitos y codiciosos engaños, que de darse en abundancia empañaría nuestro buen nombre y fama.

Sepan por último los moradores de esta Villa que si de muy grande peso y empeño son las razones de la virtud, también lo son las del material provecho, que crecerá en proporción a la mayor difusión de nuestro honesto comportamiento y crédito.

Confío, pues, y recomiendo a los vecinos que anden muy sobre sí, cuidadosos de la nombradía y prestigio de esta Coronada Villa.

Madrid, 11 de junio de 1982.

Down Here Below

20 Junio 2010
por Júcaro

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Abbey Lincoln es una de las cantantes más prestigiosas del jazz actual. Su voz es su identidad. Aunque se pueda destacar su faceta compositora o su activismo reivindicativo, su voz es el instrumento más reconocido de esta reconocida  cantante. Un  hermoso instrumento con el que imprime al tema que interpreta un dramatismo, una intensidad y una emoción que llega hasta lo más hondo.

Como en estos días no encuentro el momento oportuno para actualizar el blog, me limito a reproducir la entrada escrita para ser publicada en la serie Un siglo de canciones de Adrian Vogel.

Down Here Below, probablemente no esté incluida en esas listas de las mejores canciones  pero si por mí dependiera, ocuparía un lugar preferente.

Alguien pensará que siendo Abbey Lincoln una de las grandes del  jazz, elijo un tema poco jazzístico y que siendo “A Turtle’s dream”  un trabajo muy recomendable, me detengo en el más liviano de sus cortes.  Quien así pensara, pudiera acertar pero quien escribe no es  un experto sino alguien que simplemente escucha.  En esta canción Abbey Lincoln interperta sobre ese fino hilo que separa lo auténtico de lo manido,  lo sensible de lo sensiblero, lo dulce de lo empalagoso. En todo caso,  reconozco que me puede la experiencia vital. Desde  que  la primera audición de esta canción me sorprendiera en un momento personal de gran conmoción, le tengo un afecto especial.  Probablemente “Down Here Below” no sea la mejor canción que haya grabado Abbey Lincoln, pero en aquella primera vez me emocionó de tal manera que no puedo ni quiero despacharla como una canción más. Aún hoy,  después de muchas audiciones, esta canción me estremece.

En el este tema, además de la personalidad vocal de Abbey Lincoln, suena maravilloso el piano  de Kenny Barron en un alarde  de clasicismo con esencias de blues; las escobillas de  Victor Lewis, apoyadas en el bajo de Charlie Haden,  ayudan a resaltar el clima sugerente e intenso de este “Down Here Below”. Añadirle a los instrumentos propios del jazz el sonido del violín  y el chelo, produce un resultado algo efectista pero en todo caso, hermoso y agradable,  que hace resaltar el tono melancólico y profundo de la interpretación.  Pero, sobre todos estos músicos y sus instrumentos, se nos muestra la voz personalísima de Abbey Lincoln que suena como una voz auténtica, vieja y moderna que estremece con su sonoridad intensa y dramática. El piano, los violines y las escobillas suenan muy bien pero esta canción es la voz y el carácter. Es esa voz áspera y melosa, entre indolente y desafiante, sensible y profunda la que concede una sonoridad especial a este tema. Una voz muy personal y seductora, con una fuerza dramática que impacta y estremece.

Tengo unas anotaciones, seguramente copiadas de algún periódico, folleto o tal vez manuscritas al dictado de lo escuchado en algún programa de radio. No recuerdo su origen, pero en estas palabras se hace una definición certera y bella de la voz de Abbey Lincoln: «Su voz es caoba. De madera noble recién pulida. Brillante. Del árbol antiguo, de raíces africanas, con muchos años y mucha sabiduría en sus vetas».

Ignoro si es jazz lo que suena en este tema.  Tampoco tiene importancia. De un buen vino, nunca me interesó la etiqueta ni su envase. Puede que ésta no se una canción de jazz,  pero ¿tiene alguna importancia? Oigan,  o mejor escuchen los puristas y clasificadores. Diluciden si les apetece.  Mientras lo hacen, vuelvo a escuchar esta canción con los ojos cerrados y elevando el volumen de los auriculares, para concentrar mejor el pensamiento. La música es para escucharla. No hago otra cosa; cierro los ojos, abro  los oídos, escucho.