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Golpes a la libertad de expresión

26 enero 2011

En la Rumania del tenebroso Ceauşescu se prohibió el uso de máquinas de escribir y fotocopiadoras para personas con antecedentes penales y a todas aquellas que «pudieran poner en peligro el orden público o la seguridad del Estado».

Hoy, cuando las máquinas de escribir son prácticamente una antigualla y la Red es una magnífica e imparable fotocopiadora de ideas y opiniones, hay quienes no se resisten y, si pudieran, prohibirían el acceso a los medios de difusión de todos aquellos que les resultan incómodos. La libertad de expresión y la difusión de la opinión, molestan; unos lo manifiestan a puñetazo limpio, otros con advertencias intolerables en boca de un representante político.

Opinar diferente continúa siendo arriesgado; hoy también resulta peligroso informar. La agresión a un periodista en las calles de Cádiz y la provocación verbal, chulesca y matoniana a un bloguero en el salón de Plenos del un ayuntamiento, son algunos de los últimos episodios de personajes a los que incomoda que se piense y divulgue los contenidos que a ellos no les gustan.

El periodista y bloguero Fernando Santiago ha sido agredido por un ex trabajador de Delphi. Este periodista desde hace tiempo escribe su propia verdad y, desde distintos medios, manifiesta su disconformidad con el trato de favor que la Junta de Andalucía dispensa a los trabajadores de Delphi. Cuando esta empresa abandonó Cádiz, la Administración andaluza entendió que la Bahía de Cádiz recibía un duro golpe y buscó soluciones que dieran salidas a los afectados. Muchos nos solidarizamos con los 1600 trabajadores que se quedaban sin empleo. En aquellas fechas Santiago ya señalaba a los trabajadores como corresponsables, en parte, de la situación. Hace unos días, un representante de UGT se lamentaba porque se pretendía que los 500 trabajadores de Delphi que aún no han sido colocados, asistieran a cursos de formación para poder cobrar 1200 euros mensuales. El sindicalista se expresaba de esta guisa: «¿cómo vamos a meter en aulas a gente de más de 40 años?». Y lo soltó así, como si las aulas de formación fuesen celdas de cualquier prisión. Pretendía que esos cursos los pudieran hacer on-line. Morro e insolidaridad cuando miles de trabajadores en situación similar no perciben ayuda alguna ni pueden acceder a cursos de formación remunerados. Santiago se hizo eco de tan sorprendentes palabras y publica Onlaismo, en Diario de Cádiz, y Onlai, en su blog, para criticar este sindicalismo nocivo e insolidario. La respuesta le llegó en plena calle, de boca y puños de un antiguo trabajador de Delphi que, entre golpes y gritos, repetía una y otra vez: «¡No escribas más! ¡No escribas más!».

El otro caso es igualmente lamentable. David Santos Holguín que es bloguero, Trece Rosas Rojas es su blog, acude con una cámara para grabar una sesión plenaria del ayuntamiento de Cáceres. Mientras una edil está en el uso de la palabra; un concejal del Partido Popular se levanta, recorre pausadamente la distancia entre su poltrona municipal y el lugar que ocupa el bloguero, para, en un tono que hace recordar a aquel sheriff de película, engreído, matón y pendenciero, seguro de su posición de dominio, le dice: «Yo no quiero que me grabes. Baja la camarita ¡Que tú a mi no me grabas! ¿Te lo digo más veces?»

El señor concejal sabe que en los Plenos, sus derechos y deberes se limitan a asistir con voz y voto, y que entre sus competencias no está la de intimidar a los ciudadanos que asisten a los mismos. El señor concejal sabe que actúa de manera improcedente pero, como el chulo del barrio, espeta arrogante al bloguero: «¡Tú a mí no me grabas! ¿Te lo digo más veces?». Y es que aquí, al fin y al cabo, no hemos evolucionado tanto; los poderosos, ya sean del poder político o de la fuerza bruta, siguen pensando que el oficio de informar libremente es un trabajo nocivo del que se ocupan personas de mal vivir y peor pensar o que hay que ningunear a los blogueros  y echarles de comer aparte.


3 comentarios leave one →
  1. Helios permalink
    30 enero 2011 11:38 am

    Somos aún una sociedad en pañales, democráticamente hablando, esto es una prueba más de las que cada día podemos observar.

    Saludos

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